Entradas

Mostrando las entradas etiquetadas como Consejo

Fragmentado

Estoy fragmentado, totalmente , irremediablemente. Roto de las cosas que nunca pasaron, de los concursos fáciles que nunca gané, de los juegos felices a los que no me invitaron. Estoy roto, roto de amar profundamente la superficie de las mentiras que me contaban, de buscarle un significado a la sonrisa prófuga del desazón que me marcó. Estoy fragmentado en el odio desmed ido hacia las cosas simples de la vida, roto a un nivel interno, desprendido de las ganas de recorrer un mundo que no entiendo, secuestrado en la desconfianza, en el sin sentido que une la vida pobre de todos los que son mejores que yo. Roto, roto de ver cadáveres que no provocan tristeza, roto de sentir que no siento nada, roto de buscar pupilas excitables detrás de los párpados de alguien que ya se fue. Rotos tengo los dientes de los demás cuando se estrellan con mis ojos, desgastados de una felicidad obligatoria que no promete nada y que nada da. Estoy roto de las ganas que tuve de ser mejor persona, r...

Mía

Me siento insoportable, levitando a la intemperie. Olvidado del mundo, olvidado de mí; Como si todo fuera una pintura fresca y yo el aire que todo lo seca. Me siento lejos de todo, aunque me encuentre cerca del mundo, pero lejos, muy lejos de ti. Me siento invencible y fuerte en la memoria de lo que somos, Débil, silencioso en el presente perpetuo que me acompaña. Me siento invierno que se niega a partir sin congelar tus labios, Otoño que no distingue el amarillo del sol y el naranja de las hojas que caen. Me siento parte del mundo que empieza en tus pies, que caminan muy lejos, Poema sin tono ni color más allá de mis anhelos. Me siento patrón del vacío, mercancía valiosa que se estropea; Boxeador sin fuerza ni técnica, que igual golpea. Me sé más allá de los mementos difíciles, Te veo desde atrás, adelante donde están los sueños. Me veo encontrándote, a siete mares de distancia; Te veo perpetua en la cercanía, en la certeza de saberte mía.

Consejos.

Si pudiera darle un consejo le diría que tuviese el valor de ser feliz un segundo al día, de enfrentar la tristeza que conlleva la vida y de gritar. Le diría, si quisiera escuchar, que busque el silencio en el continuo y absurdo movimiento del mundo, por que llegará el día en el que se calmen las trompetas que acompañan el camino que recorre y la única pastilla que detiene la locura se encuentra en soledad.  Si quisiera, le haría el recuento de las veces que sufrió de una felicidad obligada, del absurdo que nos une a todos en una línea curva y rota, que no lleva a ninguna parte y nadie sabe para dónde va. Pero más aún, la obligaría a pensar en los errores que llevamos a cuestas, en los hilos profundamente cortos y rotos que están pintados de dorado, que se mueven con el viento que golpea las ventanas, que huyen ante el peligro de vivir para pensar.  Podría, de algún modo mandarle una carta con la fecha de caducidad de las palabras, con la receta para desintoxicars...