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Mostrando las entradas etiquetadas como Violencia

+Cotidiano+

Todos los días despierto en un colchón hecho de gente muerta, de la que conozco y de la que no, de aquella por la cual pude hacer algo y no hice, y de aquella donde algo hice y no funcionó. Me despierto y aparto mi cabeza de la almohada rellena de ojos excitados, condenados a estar abiertos hasta que se les haga justicia, obligados a no parpadear por si alguien se atreve a sostenerles la mirada. Despierto quitándome las sábanas de encima, pesadas como los huesos rotos que nadie ayudó a sanar, que no tienen condenas ni culpas. Despierto sudando por las cobijas creadas con el cabello de las niñas que ya no crecieron más. Desayuno con las noticias de la masacre de moda, contando las cabezas que ya no pertenecen a sus cuerpos, buscando sonrisas en los dientes ensangrentados que ya no tienen labios que los cubran, en una obra surrealista de carcajadas de violencia desmedida. El café que me despierta lo cultivaron campesinos muertos, con familias muertas, en campos muertos. Sabe a m...

Los Culpables

Suenan estruendos que quiebran los ojos y abren a media luz los párpados. Cansadas marchan las flores sin mirar, sin oír y sin estar; Todos hablan sin pronunciar palabra, culpables ya de crímenes ajenos De una marcha inacabada en un camino sin terminar. Inocentes son solo los que aquí no nacieron, Alejados aquellos que desaparecen por estar despiertos y querer hablar. Terroristas todos los que disparan de rabia metrallas de aliento; Egoístas solo quienes en infortunio, piensan en los demás.   Se vive de balas perdidas que conocen las direcciones exactas, Se mueren de miedo todos los valientes que querían cambiar. Y los ciegos firman cheques en blanco para pagar deudas ajenas, Y los muertos cuentan historias que no saben acabar. La piel se convierte en un libro sin letras lleno de historias, Los golpes son los capítulos que se dejaron manchar. La resistencia es una metáfora para el olvido, Y la resignación es un plato que en este país se embu...

Piezas de Nada

Somos el insomnio que nos complace en madrugada, El veneno sin sabor que no nos mató. La suma sin reproches de un mal sueño, Los intentos infructuosos de tocar el corazón. El viento pasa y con él la pena, Las ganas de quemarnos en un fuego inútil sin razón. Pasan los besos que no nos damos, La oportunidad fría que ya se secó. Se secan las verdades con las cuales nos mentimos, Los abrazos que nos untan de consuelo; Y las mil razones para decir “No”. Somos la ira que no se marchita, El despropósito usurero que nos robó. Somos las despedidas que no saben curar heridas, Mil quinientas formas de arrancarnos el corazón.

Familia

Imagen
Cuando llego al borde y los ojos se   resecan y pierden su brillo, cuando pican, cuando piden a gritos que el parpadeo sea lento; entre el dolor de espalda y los pulmones reventados, aparece usted. Cuando los pasos han dejado atrás el eco, intentado correr más rápido que el remordimiento; cuando el aire pasa tan rápido por la boca que atraganta las palabras y enmudece el corazón.  Justo pasando entre el cómo y el cuándo en que perdimos la dignidad que nos quedaba, justo cuando el hígado está en fiesta,   reventado, y hasta el agua parece gasolina de motor. Cuando pica el cuerpo, cuando incomoda el alma, cuando se agotan los tiempos pausados, aparece usted. Usted silencio, usted derrota, usted que es un grito desesperado, embriagado, vagabundo. Y ahora esos gritos de frustración, que se quiebran en el viento medio frío y medio muerto se me escurren en las paredes, se llenan de inercia y pierden sentido. Se quiebran las vidas, se asustan los sueños, se mueren día...