Rescate
Escarbé hasta los cimientos, sin encontrar nada útil.
Desesperado, sentí cómo entre los
dedos se escapaba alguna idea malformada, posiblemente bella, pero incapaz de
crecer.
Busqué por todas partes. Los
nombres, los rasgos, los colores, las historias.
Día tras día, semanas, meses, años
tal vez.
Inquieto descubrí, en el
blanquecino silencio, una verdad absoluta.
Y en la quietud de quien siente el
temblor y no huye,
haciéndole caso a la voz suicida
que permanece casi siempre dormida,
presencié el derrumbe de una
construcción sin terminar.
Hurgué más allá del recuerdo.
Por fin encontré.
Ese día que me traicioné para
adaptar los términos, las palabras, los personajes.
Cuando, ansioso, mutilé todo
aquello que me daba paz.
Migrar también es eso, parece.
Perderse de sí mismo, ver(se)
crecer (en)un extraño, acostumbrarse a él.
También es buscar(se), con el
tiempo,
cuando todo se asienta y la niebla
se disipa.
A ver si queda algo que rescatar.
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