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Mostrando las entradas etiquetadas como Mujer

Despropósitos Compartidos

Su hieratismo atrae, provoca por su inmovilidad rebelde. Al ver sus ojos, aún cuando advierto el peligro, caigo en el barranco disparejo de sus muslos, en los colores tenues y aproximaciones prácticas de su impulsiva forma de follar; me veo en una cadena montañosa en miniatura que se niega a amar, pero que no me suelta. Sobre su piel se ramifican caminos sin destino que se hunden en las piernas, prometiendo pequeñas victorias que profetizan la descomunal derrota que se aproxima. Sus estribaciones me invitan a la insalubre decadencia de verme acuartelado, despojado voluntariamente de todo lo que pueda usar en contra suya. De su boca no salen palabras que tengan estructuras lógicas, solo aletargadas diatribas contra el mundo que prenden la luz de alarma de un enamoramiento repentino, inoportuno. Bajo estas circunstancias, el olor casi imperceptible de un perfume que en la mañana penetró su camisón, se impregna obsceno en mi garganta. Quiero gritar, morder, matar. La veo más allá d...

Salvarle la vida a un suicida.

Dejé de creer que era importante salvarle la vida a un suicida. Lo hice aún sabiendo que no hay vida que valga más que aquella que conscientemente quiere acabarse, lo hice sabiendo que las lagrimas de los que quedan no compensan las lágrimas que ahogaron al que se fue. Dejé de tirarle sogas a los náufragos de mi vida, resignado vi cómo morían los que se resignaron a morir, y en la apología de la muerte que todos aceptan, entendí que ya todos estaban muertos antes de decidir que salvarlos no era tarea mía. Acepté sin remordimiento que los adictos necesitan jeringas y no cariño ni comprensión. Recalculé las veces que una sobredosis se llevó algún amigo y recordé los ojos desorbitados de las mujeres que me amaron sin saber mi nombre, que se fueron sin haber llegado y me dejaron allí donde todo empezó. Encontré en los recuerdos que escondí por vergüenza, la fuerza de las palabras que cobardemente utilicé para construir una mentira. Escarbé en la falange amenizada de admiración que...

Cúmulos Rotos.

No quedan minutos en un reloj cansado de mostrar el tiempo que perdimos, ni alientos vespertinos que nos muevan de la cama ahora solitaria y fría, recordándonos constantemente las amputaciones emocionales que acompañan la vida, que nos hacen amorfos en el mundo que no queremos entender.  No quedan sontas nocturnas, teatros abiertos ni obras de arte sin desfigurar. No quedan besos cálidos, ojos cerrados, engañados, vagabundos. No quedan prostitutas sentimentales ni hombres caritativos que quieran ayudar; no queda nada, no queda usted.  Ya no acompañan al frío la lluvia y las estrellas. Ni los gatos maúllan al escuchar voces desprevenidas, risas perdidas en el silencio. Ya no somos el pasado que duele ni el futuro inventado con el amor idiota de los sueños.  Somos el presente pesado y demoledor de una casa que cierra sus puertas, que esconde tras sus paredes el llanto seco y la vergüenza que trae consigo la derrota, las cosas rotas, el corazón podrido, divi...

Mía

Me siento insoportable, levitando a la intemperie. Olvidado del mundo, olvidado de mí; Como si todo fuera una pintura fresca y yo el aire que todo lo seca. Me siento lejos de todo, aunque me encuentre cerca del mundo, pero lejos, muy lejos de ti. Me siento invencible y fuerte en la memoria de lo que somos, Débil, silencioso en el presente perpetuo que me acompaña. Me siento invierno que se niega a partir sin congelar tus labios, Otoño que no distingue el amarillo del sol y el naranja de las hojas que caen. Me siento parte del mundo que empieza en tus pies, que caminan muy lejos, Poema sin tono ni color más allá de mis anhelos. Me siento patrón del vacío, mercancía valiosa que se estropea; Boxeador sin fuerza ni técnica, que igual golpea. Me sé más allá de los mementos difíciles, Te veo desde atrás, adelante donde están los sueños. Me veo encontrándote, a siete mares de distancia; Te veo perpetua en la cercanía, en la certeza de saberte mía.

Una vulgar analogía a la tristeza.

Y fue el deterioro constante, natural y palpable lo único que alcanzó a ver por entre las rejas de una cárcel invisible. Las mil y una lunas que no alcanzaban para pagar la renta ni para hacer soñar; eran ya las 2 de la madrugada, el alcohol no hacía efecto y las sonrisas, desdibujadas en la vulgaridad próxima de la embriaguez temprana, nos daban como consuelo un silencio repetitivo, cansado.  La derrota era simbólica, estrambótica, sutil. Se trataba de los poemas mal escritos y la incapacidad de salir de una dirección inequívoca, prudente. Se trataba de darle continuidad a la periferia que sin mapas nos atormenta, nos envuelve y nos convierte en centros de memoria, en observatorios que con los ojos expuestos se mantienen felices para no perder la fe.  Habían heridas que se alimentaban de las caídas diarias, de los resbalones intencionales y los golpes amigables que rompen costillas, que estremecen el alma. Habían traiciones servidas, mentiras pendencieras y tej...