Entradas

Mostrando las entradas etiquetadas como Palabras

De lo Inútil

Camino en automático, a veces. Como quien conoce su destino sólo porque sabe las coordenadas, aún sin imaginar el paisaje que le espera. Hago malabarismos en una linea gris que a veces se torna roja y a veces invisible. Esperando caer por un lado u el otro, sin distinción, porque el esfuerzo de mantener el equilibrio me quitó la posibilidad de mirar el fondo. ¿Es un fondo rocoso, húmedo, rígido? ¿Es acaso césped verde y blando, con brisas cálidas? No lo sé.  A veces me siento ciego, viéndolo todo sin poder detallar nada, pierdo la capacidad de distinguir colores, aún sabiéndolos. Como si su profundidad se difuminara en el vacío de su significado, y me invento estrellas azules, verdes y violetas, para no olvidar. Las formas pierden su sentido interno, su conexión con el mundo que me rodea, y medio asfixiado por la falta de respuestas, distingo a lo lejos, borroso, como cada objeto cae en un hoyo negro, desintegrándose, desapareciendo sin ningún grito de auxilio, sin ningu...

La huida

Cansado de lo inevitable, me escondo entre paredes huecas para dejar de respirar por un instante. Intento sin éxito, consumirme los días inacabados que guardo entre las sábanas, y construyo figuras inalcanzables en un lienzo inexperto que me mancha las mejillas, convirtiendo todo en un desorden fatal. En el espacio vacío que he atestado de cosas sin valor, la vida me ofrece una ridícula metáfora del ruido, y en el renacer de las virtudes que intento ignorar, el estruendo de mi caída me ensordece. Soy un derrumbe incansable que guarda en sus cimientos quebradizos, el asombro que enmascara la desesperanza de mirar atrás. Me convierto en un artesano de metales podridos, un constructor de cadenas de paja que me recriminan el olvido y la traición a la memoria que trae el silencio permisivo. Debo alejarme de lo ausente, del despido premonitorio de mi último encuentro con el punto final. Con la esperanza oxigenando el sinsentido, el cascarón roto de los trofeos auto-impuestos me...

Bitácora

Despierto. Averiado en el brío inconcluso por mantener la calma, enciendo y apago la máquina que a marchas forzadas intenta seguirme el paso. Soy un bucle de espera infinita, una montaña que al ver caer diminutas rocas en su falda, resbalándose desde lo alto, advierte el colapso inminente pero inexacto que se avecina. Respiro. Intento llenar de aire limpio mis pulmones en una ciudad sucia, pero en cambio,  encuentro las nubes grisáceas acariciándome el pelo. Intento sentir la ligereza de la sangre corriendo descalza por las venas, pero en cambio, siento sus pesados pasos calzados con botas repartiendo carencias inequívocas y soporíferas. Fumo. Lo borroso se hace natural en las ventanas cerradas, y en la continuidad del sonido monótono de las voces que gritan afuera, confundo el humo que se escapa entre mis dientes con el agua que se estrella con el vidrio y lo atraviesa, inundándome. Haciéndome perder la soltura de los brazos, quedo atrapado en el universo car...

Alegorías En Arrecife.

Le duelen las hojas al árbol que cae, Y el silencio se suicida, nadie lo escucha. Arremete la paz contra la inconsciencia, se vuelve violenta; Y asesinan en el cine a dos mudos que no dejaban escuchar. Los payasos no son tristes y los ruidos tienen forma, Las voces tienen boca, una sola, solo usted. Se caen las montañas por el desbarrancadero, Y olvida el sol las direcciones, las horas, las reuniones. Le dieron boletería póstuma a un sordo que murió de risa, Porque le contaron un chiste que nunca pudo escuchar. Y se alejan los estáticos prejuicios con las piernas del artista, Las que le amputaron a un atleta que ya no pudo perdonar. Quedan bosques sin árboles ni otoños que los marchiten, Animales extintos que nadie cazó para vestirse de luto. Quedan sus ojos, que ya no recuerdo que me exciten; Y nubes que sueltan agua donde todo se murió.

Cúmulos Rotos.

No quedan minutos en un reloj cansado de mostrar el tiempo que perdimos, ni alientos vespertinos que nos muevan de la cama ahora solitaria y fría, recordándonos constantemente las amputaciones emocionales que acompañan la vida, que nos hacen amorfos en el mundo que no queremos entender.  No quedan sontas nocturnas, teatros abiertos ni obras de arte sin desfigurar. No quedan besos cálidos, ojos cerrados, engañados, vagabundos. No quedan prostitutas sentimentales ni hombres caritativos que quieran ayudar; no queda nada, no queda usted.  Ya no acompañan al frío la lluvia y las estrellas. Ni los gatos maúllan al escuchar voces desprevenidas, risas perdidas en el silencio. Ya no somos el pasado que duele ni el futuro inventado con el amor idiota de los sueños.  Somos el presente pesado y demoledor de una casa que cierra sus puertas, que esconde tras sus paredes el llanto seco y la vergüenza que trae consigo la derrota, las cosas rotas, el corazón podrido, divi...

Piezas de Nada

Somos el insomnio que nos complace en madrugada, El veneno sin sabor que no nos mató. La suma sin reproches de un mal sueño, Los intentos infructuosos de tocar el corazón. El viento pasa y con él la pena, Las ganas de quemarnos en un fuego inútil sin razón. Pasan los besos que no nos damos, La oportunidad fría que ya se secó. Se secan las verdades con las cuales nos mentimos, Los abrazos que nos untan de consuelo; Y las mil razones para decir “No”. Somos la ira que no se marchita, El despropósito usurero que nos robó. Somos las despedidas que no saben curar heridas, Mil quinientas formas de arrancarnos el corazón.