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Mostrando las entradas etiquetadas como Ella

De lo Inútil

Camino en automático, a veces. Como quien conoce su destino sólo porque sabe las coordenadas, aún sin imaginar el paisaje que le espera. Hago malabarismos en una linea gris que a veces se torna roja y a veces invisible. Esperando caer por un lado u el otro, sin distinción, porque el esfuerzo de mantener el equilibrio me quitó la posibilidad de mirar el fondo. ¿Es un fondo rocoso, húmedo, rígido? ¿Es acaso césped verde y blando, con brisas cálidas? No lo sé.  A veces me siento ciego, viéndolo todo sin poder detallar nada, pierdo la capacidad de distinguir colores, aún sabiéndolos. Como si su profundidad se difuminara en el vacío de su significado, y me invento estrellas azules, verdes y violetas, para no olvidar. Las formas pierden su sentido interno, su conexión con el mundo que me rodea, y medio asfixiado por la falta de respuestas, distingo a lo lejos, borroso, como cada objeto cae en un hoyo negro, desintegrándose, desapareciendo sin ningún grito de auxilio, sin ningu...

Ella Vuelve a Casa.

Sin detenerse pasan inadvertidas sus maniobras valientes, jugando con el miedo a esquivar las ruinas de una derrota vulgar, da pequeños saltos por las líneas de una esperanza cansada. El último cigarrillo de la noche le sirve de combustible para quemar los sueños irrealizables y marca el camino a seguir entre los cadáveres que tienen su mismo aspecto, que reproducen su mismo rostro, y proclaman victorias que parecían eternas en una promesa que la mortalidad no puede cumplir. Se quita los tacones, más por amor a la melancolía que por respeto a su cuerpo multiplicado en el desastre; siente los escombros y sus pies descalzos se identifican con los fragmentos ahora inservibles que fueron el vértice de su defensa inquebrantable, de sus derrumbes autoproclamados y de los sismos sentimentales que sabotearon su revolución. Lleva las medias rotas, y la piel sensible se enfrenta sin defensas contra el frío que no perdona ni distingue. La noche la abraza, la llena, la arrincona en su prop...

Piezas de Nada

Somos el insomnio que nos complace en madrugada, El veneno sin sabor que no nos mató. La suma sin reproches de un mal sueño, Los intentos infructuosos de tocar el corazón. El viento pasa y con él la pena, Las ganas de quemarnos en un fuego inútil sin razón. Pasan los besos que no nos damos, La oportunidad fría que ya se secó. Se secan las verdades con las cuales nos mentimos, Los abrazos que nos untan de consuelo; Y las mil razones para decir “No”. Somos la ira que no se marchita, El despropósito usurero que nos robó. Somos las despedidas que no saben curar heridas, Mil quinientas formas de arrancarnos el corazón.

Una vulgar analogía a la tristeza.

Y fue el deterioro constante, natural y palpable lo único que alcanzó a ver por entre las rejas de una cárcel invisible. Las mil y una lunas que no alcanzaban para pagar la renta ni para hacer soñar; eran ya las 2 de la madrugada, el alcohol no hacía efecto y las sonrisas, desdibujadas en la vulgaridad próxima de la embriaguez temprana, nos daban como consuelo un silencio repetitivo, cansado.  La derrota era simbólica, estrambótica, sutil. Se trataba de los poemas mal escritos y la incapacidad de salir de una dirección inequívoca, prudente. Se trataba de darle continuidad a la periferia que sin mapas nos atormenta, nos envuelve y nos convierte en centros de memoria, en observatorios que con los ojos expuestos se mantienen felices para no perder la fe.  Habían heridas que se alimentaban de las caídas diarias, de los resbalones intencionales y los golpes amigables que rompen costillas, que estremecen el alma. Habían traiciones servidas, mentiras pendencieras y tej...

Intermitente

Ella es la suma de los errores que bailan al compás de la desdicha, El silencio cómplice del maquillaje que se corre muy despacio y sin querer; La luz intermitente que no alumbra ni se va cuando se acerca, Las ganas que se expanden y sumergen en sus pies. Ella es el verde de unos ojos que no observan fijamente, La lentitud obstinada de la réplica de un temblor en las costillas; La respiración cortada de una nariz respingada que se niega a contestar. Es la piel perfecta de un blanco conforme y un sinfín tonalidades escondidas; La marca descarada del abrigo comestible de sus labios de papel, Es el juego prohibido de extasiarse con su lengua sin tocarle una pestaña, El riesgo de probarla y no poderse separar. Ella es una droga que no venden, un cigarrillo que no prende, Un poema que no existe y tres abrazos que no están. Ella es un camino sin retorno en un bosque sin salida, Un trago de Whiskey que me quema antes de entrar.