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Mostrando las entradas etiquetadas como Feliz

Salidas de Emergencia.

Es fuerte el ruido que hacen las personas cuando se quiebran, montones de ellas en las calles sujetándose la boca con las manos, esforzándose por no gritarle a los transeúntes sordos cualquier verdad que les suene a mentira. Siendo el resquebrajo de las sonrisas pintadas, transmutamos la fantasía de los amores que nos traicionan, en costumbres aburridas, en horarios para amar.   Conseguimos lo justo para no dejar morir de hambre las ilusiones, lo necesario para no perder el sentido y dejar de divisar, al menos temporalmente, la desazón irreprochable de las malas compañías que aceptamos sin condiciones, movidos por el miedo profundo de no ser suficientes para todos aquellos que nunca fueron suficientes para los demás. Nos convertimos poco a poco y sin ningún afán, creyéndonos inmortales, en el reducto malogrado de una obra de caridad obligatoria, sustituyendo las conversaciones largas con frases cortas que caducan sin destino, mientras se oxida el arrepentimiento que se co...

Los Tonos Equivocados.

Un continuo pendenciero y resistente a los sueños, cotidiano en lo íntimo y sonriente en lo público. Una máscara hecha con los mismos gestos, los mismos rasgos y las mismas penas del rostro que quiere ocultar. Somos sombras intentando iluminar vidas ajenas, luces apagadas que no pueden encender su propio corazón.  Una incertidumbre, una espera inagotable absuelta de alegría y disoluta de tristezas. Bohemia como grito de revolución mundana en un campo de huesos a los que les falta carne, en un río de seres humanos a los que les falta valor.  Una suma sin objetos y sin resultados enteros, estamos en la época de la ambigüedad.  El ambiguo de lo que se odia tanto como se ama, de las partes descompuestas de nuestra capacidad de amar. El ambiguo de correr en una carrera de ratas queriendo ser un águila que no lastima, un león que no come carne, un ser humano que no daña a los demás.  Es la forma indecente de ser correctos, la podredumbre bañada en sonr...

Una vulgar analogía a la tristeza.

Y fue el deterioro constante, natural y palpable lo único que alcanzó a ver por entre las rejas de una cárcel invisible. Las mil y una lunas que no alcanzaban para pagar la renta ni para hacer soñar; eran ya las 2 de la madrugada, el alcohol no hacía efecto y las sonrisas, desdibujadas en la vulgaridad próxima de la embriaguez temprana, nos daban como consuelo un silencio repetitivo, cansado.  La derrota era simbólica, estrambótica, sutil. Se trataba de los poemas mal escritos y la incapacidad de salir de una dirección inequívoca, prudente. Se trataba de darle continuidad a la periferia que sin mapas nos atormenta, nos envuelve y nos convierte en centros de memoria, en observatorios que con los ojos expuestos se mantienen felices para no perder la fe.  Habían heridas que se alimentaban de las caídas diarias, de los resbalones intencionales y los golpes amigables que rompen costillas, que estremecen el alma. Habían traiciones servidas, mentiras pendencieras y tej...

Plural

La verdad quisiera gritarle, sentirle los labios al mundo y no temblar sin razón. Quisiera moldear en mis manos un instrumento, un lamento para el mejor postor. Y quisiera no sonar extraño al decir que tengo en la garganta una metástasis suicida y que extrañar se ha convertido, sin más, en una estúpida forma de guardar las ruinas, de escuchar las liras y seguir bailando para ver a Roma arder.  Me gustaría detenerlo todo y abrazar el tiempo, ver si así las palabras no atragantan ni ahogan, ni entierran en sus pequeñas mentiras las pequeñas sonrisas que nos parecían simples y que cuestan tanto. Ver, si de lejos el vómito verbal que no quiere salir se anima y nos acompaña en esta cena promiscua de rostros torcidos y orgasmos a medias, porque me gustaría robarle al minutero las cuerdas para hablar despacio y poder pedir perdón.  Perdón a los sin-nombre que no me interesan, a la naturaleza que me pesa, a las pastillas que no me tomé, y a la gente que no abracé por inca...