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Retazos

Salvemos al mundo de a pedazos y con sonrisas miniaturas, Pueden parecer rotas, quebradas, remiendas, Puede que se esfumen en la cara, puede que no entendamos que pasó. Puede que sea la nostalgia de no verla, Pueden ser las lágrimas de un bufón. Los pasos de sus pies como mis acordes inconclusos, Las ganas de no ser una mirada en un cajón. Las ideas que se cruzan y se mueren en batalla, El montón de rarezas que madrugan a encontrarse Y las casualidades infinitas que nos trajeron hasta acá. Que si se tiene que tentar al diablo que se tiente, Que el miedo se me va hoy entre los pies. Que esto no es poema, ni canción, ni rima, ni balada, Ni nada de nada, porque esto soy yo. Y llegan las ganas de mirarlo todo en cámara lenta, Una cámara que corra y no se detenga. Y llegan las ganas de saltar y que el suelo no sostenga, Que queden sonidos, envueltos en papel.

El Artista.

Se quiso engañar esa noche, quiso mentirse y aceptar la irremediable desfiguración de cada palabra que decía mientras le chocaba el aliento con un rostro inexpresivo, sin movimiento, casi muerto y aún vivo en la tristeza que amargamente lo alimentaba y lo mantenía en el vaivén ridículo de sus respiraciones pausadas.   Había pasado gran parte de su vida ayudando a otros a mantenerse fijos en la tierra, lejos de los desbarrancaderos que la memoria utiliza como trampolines, atando cuerdas en brazos desprendidos y desatando nudos de gargantas ahogadas; Sin embargo apenas podían sus zapatos no arrastrarse ni llevarse el polvo del silencio que lo seguía, apenas podía escupir en cada esquina cuatro palabras que le pesaban, que lo seguían y lo querían abrazar. ¿Alguna vez ha sentido cómo los puntos suspensivos de un párrafo terminal se aferran a la vida, a la continuidad? Si sí, entonces conoce la desesperación, el sinsabor y el vacío que precede a un salto que sin protección al...

De repente.

Se volvió invisible, se apagó detrás de las luces del comedor aplastado por el silencio, hundido por la miseria de los recuerdos que no recordaba y las experiencias que nunca vivió. Su cuerpo era la paradoja perfecta de un crepúsculo sin epístrofe que no se funde detrás de nadie, era un presente continuo sin angustia, sin molestia, sin ganas de nada, ni siquiera de sí. Un de repente sin ataduras, un lazo sin nudo y unas cadenas sin armar.  De repente, como si el antes no fuese importante y se pudiera pasar por encima del mundo, por encima de todo menos de sí mismo, de la basura, de las calles, de la vida detrás de su espalda. De repente como cuando el después no se cuenta, el futuro no existe y la muerte no es una posibilidad. De repente como una moraleja que duele en el alma, un aprendizaje barato y póstumo al error; como las ganas que se pierden en la mitad del camino, el amor que se encuentra al final de la puerta justo antes de cerrar. De repente como la tristeza q...

Un Día

Le regalaría una sonrisa si lo pide en silencio, si no habla, si se calla y cierra sus labios y encierra su lengua detrás de los dientes.  Si no me dirige palabra le prometo una caminata lenta y un monólogo mal hablado, una mirada suelta y dos abrazos recurrentes y cortados. Abráceme de lejos y dígame que entiende mi cercanía con la nada, traicione sus costumbres y acompáñeme al desierto donde quiero encontrarla, sentirla. Le regalaría los dos últimos minutos de mi vida si a mí reloj se le acabara la pila, le escribiría un libro si no le gustaran las letras y le cantaría madrugadas enteras si no soportara mi voz. No soy lo que quiere ni lo que quiso, ni un error vagabundo detrás del diván. No soy la aventura que se quiere contar al despertar mañana, ni el caballero que algún día querría matar.  Pero sin ser nada sería su todo durante un día, sin aprenderme su nombre, sin querer su dirección. La amaría cada minuto como si el corazón estallara al termi...

Recuerdos

Azota, devuelve, golpea, la infinita repetición de los errores bellos, de las culpas que sin miedo nos devoran, y los miedos que sin culpas nos atrapan. El susurro sucio de sus labios limpios, Que me acaban, ¿Será el amor siempre tan vulgar en el presente? ¿Tan divino en el pasado? El recuerdo embellece la piel y consume los gritos, Hace feliz lo que fue y triste lo que viene; Inminente derrumbe de nuestros cariños mundanos. Engaña, atrapa, destruye, Engulle momentos buenos y escupe, Escupe tristeza, escupe verdades, vomita sin vida hasta que no queda nadie.

Monólogo

Solo es un ruido anónimo detrás de la oreja Un susurro perdido que no quiero encontrar, Dos palabras infinitas que quisiera tirar por un barranco, Dos ojos como los suyos que no quiero mirar. Son ya tres días desde que decidí abandonarme, Quisiera clavarme el agua que me cae por la cara; Ahogarme en un recuerdo que se pierde en las esquinas. Antes veía en la oscuridad y en la luz del día, Pero mis ojos se esconden detrás de los párpados Para que no los hieran, para que no los toquen, Para olvidarse por fin de la silueta que se fue. Ya no quiero escuchar nada, sentir nada, ver nada; Y su ruido detestable me persigue y me atormenta, Ojalá pudiera amputarme el tiempo vivido, Ponerme una prótesis que no sepa recordar.

Incompletitud

¿Y qué pasa si ya no importa?, si después de tanto el interés no rige más los pasos, si la costumbre que precede un sinfín de actos tan banales como ridículos se pierde. ¿Qué pasa? Qué pasa si decaen las ganas y entre las sábanas ya no se encuentra abrigo, si de repente por un segundo es el vacío un buen amigo y la plenitud de las palabras que salían de esa boca ya no representan más que martirios repetitivos y oraciones muertas por un milagro que nunca pasó. ¿Y si me fui detrás de nadie?, ¿Por qué tuvieron que enseñarnos esa lógica devastadora de incompletitud desmesurada?, de naranjas a medias y virtudes banales.   ¿Por qué silenciaron el silencio mismo, la voz propia y la locura individual? ¿Acaso no fue suficiente desmembrar la poesía en vulgares remedios de amoríos semanales y prosas vagabundas para personajes de fin de semana? A dónde se llevaron los libros viejos, los olores aplastados por el tiempo, el tiempo mismo y su bella forma de matarnos a todos. ¿Qué pasó? No ab...

Su sonrisa. - Cuento corto.

Imagen
Luego me senté, ya sin fuerza en un asiento viejo que tambaleaba de un lado a otro como si no quis iera responder al peso muerto de mi cuerpo. Estaba exhausto y de la mano me prendía una tela blanca y percudida con un borde de rosas que amenazaba con deshilarse . Era de noche y estaba perdido, vacío, confundido por lo que había hecho, desnudo ante el mundo y ante esa sonrisa que me perseguía sin ninguna tregua y me llenaba las noches de pesadillas amables y turbulentas.             Le había gritado a la mujer que amaba, la había golpeado y la había arrojado lejos de mi vida con tal desespero que tuvieron que sedarme para que la dejara en paz. Había perdido mi empleo, mi hogar y mi vida por una sonrisa invisible para todos, excepto para m i.   L a primera vez que la v í estaba sentada frente a mí, rígida y silenciosa ; tenía la mirada fija en una pared intencionalmente, particula rmente para no determinar a nadie a su ...