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Maleza íntima.

Es mejor cuando no sonríes, cuando tú cara, repleta de todo no refleja nada, Te prefiero sin gestos, sin risas, sin llantos; Me gusta cuando no hay vida, cuando no estás tú. Quiero querer un cascarón sin memorias que me acompañe, que me mime, que me abrace; Quiero querer un hueco absoluto en donde van tus ojos, un relleno horrible donde está tu piel. Ojalá no fueras la persona que amo, ojalá no escuchara nada que viniera de ti; Ojalá en la mañana no olieras a nada y ojalá tus ecos no fueran reproches que me cargan la vida, La vida que se fue detrás de ti. Si pudiera coserte la boca, arrancarte el pelo y pintarte los labios de café; Si quisiera alejarme cuando tú te alejas, dejar de sentirte cuando ya no estás. Si fueras una imagen perfecta, quieta, estable; Si fueras menos humana, menos libre, insoportablemente menos tú. Te preferiría absolutamente lejos de cada aspecto que amo de tú carácter, De tus impresiones fallidas, de tus batallas perdidas;...

Movimento

La mitad de las cosas que sentía cambiaron al abrir los ojos la mañana de tranquilidad póstuma a la tormenta; no sentía dolor alguno y aun así una sensación extraña le mandaba corrientazos paulatinos desde el cuero cabelludo hasta el ombligo. Todo seguía igual, no le faltaba ninguna parte del cuerpo, su aspecto, a excepción de las ojeras seguía exactamente igual; la gente se levantaba, comía, caminaba y seguía sin siquiera percatarse de lo que había sucedido. La verdad es que esperaba encontrarse con un mundo oscuro que llorara su pérdida, intentaba pintar el paisaje de gris por completo y reflejar en el rostro de cada ser humano la tristeza y la humillación que sentía. Intentaba, sin ningún efecto, imaginarse cómo los edificios de concreto caían lentamente al vacío mientras los autos se detenían por completo frente a la avalancha de nostalgia que cargaba en la espalda. Pero así no fue, el sol siguió saliendo y detrás de él la luna y las estrellas. Todo seguía ahí, como un...

Asido

Y entonces me di cuenta que estaba detenido en el tiempo, como impreciso en la velocidad infinita de los pasos impropios y el cansancio ajeno. Noté al mirar al cielo que había parado de llover, pero las gotas, sin dejar de caer del cielo, me humedecían las ganas de correr lejos y esconderme en un lugar sin futuro ni fracasos; ya no había tormenta para nadie, pero esa enfermiza calma en los corazones me enfermó las venas más profundas del cuerpo, y me silenció los pulmones un segundo, dejándolos en pausa, volviéndome incapaz de respirar.  Me había detenido sin dejar de andar y como en una inercia innecesaria se me había ido por el sifón el sentimiento de alegría al verle los ojos. Allí estaba yo, mirándola sin saber cómo ni por qué había dejado de amarla, de amarme, sin entender cómo sus ojos ya no brillaban ni sonreían sus labios ahora pálidos y sin vida. Allí estaba, frenado, averiado, desenchufado, desconectado de absolutamente todo menos de mí; podía sentir mis latidos,...

Niña

Ojalá le puedan penetrar los ojos sin hacerle llorar las piernas, ojalá se vea en un espejo invisible más bella que la princesa que nunca fue; sus labios no quieren que la violen, su vestido nunca dice “arráncame”, su cuerpo no dice “empújame”, su vida no dice “ya acabé”.   Esperemos que no necesite títulos para empezar su vida, así le sobren motivos para dejar el mundo atrás; ella no quería caminar desnuda, ella no quería que la vistieran nunca más.  Gritó tan fuerte como su garganta pudo, con su gemido débil envuelto en lentitud. Se volvió un gusano negándose a ser mariposa, una revolución vencida, una aguja sin esterilizar. Quiso siempre que le fecundaran algo más que el vientre, deseó más de una noche poder hacer “reset”; removió la lengua de mil hombres muertos y recicló saliva para las memorias de papel.  Huele cada mañana los sonidos de sus traumas, llora por las tardes cuando el reloj se detiene otra vez. Vive en la prisión de sus sentidos desgastad...

Palabras Sueltas

Tortura, eso era verla cada día más cerca, como si pudiera unir dos decisiones mal tomadas y unas gotas de sudor que se derraman por la espalda. Infierno, eso era sentirla en su olor medio rancio y medio dulce, ese olor a mujer real, a equivocaciones selectivas en el fondo de los vasos de cristal. Cueva, era mi vida una cueva sin mayor luz que la propia, ya tan malgastada con el tiempo que no pasó y las noches de renta. Cielo, era salir de allí corriendo, saltando, gimiendo, demostrándole al mundo que el suicidio era una valentía reservada para los grandes. Cobardía, en las manos, en los párpados, en las afinidades que se derraman con calma mientras hablan del destino.  Excusas, no tenía ni quería, no existían   siquiera en sombras, en avellanas pardas que se queman en el socavón. Palabras, me sobran, le sobran, nos desalientan de lejos y nos unen en un siempre distinto, un nunca constante. Infierno, es la cercanía gastada, el fuego tibio y los ojos cansados. Miradas,...