Entradas

Mostrando las entradas etiquetadas como Alcohol

Tanto Ruido

¿Qué podría encontrar detrás de tanto ruido?, escondido en las comisuras cansadas de la sonrisa social; huyendo de las conversaciones planas que evaden el silencio incómodo. Será el vacío del mundo, excitado con mi presencia, Será el demonio inmundo, enquistado en tus ausencias. Huyendo de los íconos que se transforman en la punzante verdad, Abrazando promesas que se inyectan para evadir la realidad. ¿Quién me sigue hasta los callejones sin salida? Respirando profundo y caminando despacio, Con la seguridad de lo inevitable, con la paciencia invariable de quien ya ganó. Son los enemigos de lo humano, desangrando dioses de papel, Tal vez bufones profanos, burlando la muerte cruel. Son tus zapatos pequeños y sus firmes pasos acosándome, Es tu recuerdo colgándose del miedo al abismo y aplastándome. ¿Qué pasaría si enloquezco ahora? ¿Si el silencio sacude más fuerte que los gritos?, ¿Si los golpes más fuertes provienen de mi vientre y no de tu voz? Colgaría...

Escarpado

Estoy al borde de un escarpado donde resuena el repetitivo cantar del infierno y yo tarareo al unísono de la voz principal. Allá atrás, hoy todo me parece inconexo y yo me encuentro lejos, muy lejos, a punto de saltar. Me siento envenenado de luces, hastiado de pantallas, aturdido de los ruidos infinitos que acompañan al mundo. Me siento extranjero de todo lo humano y al mismo tiempo demasiado humano. Estoy al borde de un escarpado que se convierte en un marco infinito de interpretaciones erróneas, que parece un gambito apresurado de silencios y un espacio sin contenido ni continente.   En él, encuentro que la tristeza es una metáfora del mundo filtrándose a través de la retina, un recordatorio inmutable de lo inconstante, una sombra del abrazo torpe de la rutina queriendo salvarme. Y me pregunto si el viento también se siente maltrecho de chocar en el vacío, si suplica en las madrugadas por certezas, si quisiera llenar con ruegos este escarpado en un intento absurdo por ...

Ejercicios Evidentes

En una pausada cadena de explosiones, Mi voz se reinventa con la onda explosiva. Siento que se desintegran nuestras intenciones, y se revela despacio todo aquello que no está.   En el entredicho más allá de lo evidente, me susurran las partículas de los pequeños cotidianos. Y escribiendo confesiones estériles, rechazo las redenciones, las pausas y las correcciones.     Aferrado a una historia sin evidencias, el sinsentido recurrente de repente se equivoca. Y busco en un abrazo suplicante y rígido, un subjuntivo que atenúe las diferencias; O un sueño que se parezca a su boca.   Intento alcanzar las estrellas que me miran desde lejos, enganchado bajo la lluvia a los trozos tristes de su reflejo. Mojando el cielo con promesas medio rotas, volando a ras del suelo, escondiéndome del sol.   Sonrío inquieto a las nubes que parecen ser mis sueños, delimitando el espacio indiferente que me aleja. Invisible en el camino que golpea la tormenta, despreocupado del destino qu...

Luces recurrentes para gymnopédies

Ya no existen para mí paredes blancas esperando a llenarse de color, ni encuentro arreglo posible para el abandono. Las puertas semiabiertas, desnudan inquietas una habitación cansada de construcciones sin terminar y al escuchar los golpes secos de las ventanas rotas, avanzo obstinado demoliendo la ausencia premonitoria de sus preguntas. Dejaron de existir las formas de las nubes en mis ojos y ahora están cargadas de lluvia, extinguiéndose bajo la luz de una estrella. Todo se esconde frente a mí y huye la luna tras el alumbrado eléctrico, negándose a extrañar lo invisible, transmutando la noche en palabras que no tienen lugar. No encuentro en este desastre los dibujos inacabados en acuarela, ni la agenda de viajes en desuso y empolvada. Se esfumó también el estruendo de los vidrios, el grito distinguible del rencor, lamentándose como pólvora húmeda que no puede estallar. Caminando lento todo se aleja, desaparecen las preguntas inútiles y las respuestas exactas. Pero el eco redund...

Sísifo el inoportuno.

Siempre sucede lo mismo, un enamoramiento malsano, impedido, inaplicable. Un par de sonrisas que carecen de profundidad y tres recuerdos confusos, difíciles de explicar. Siempre sucede que las palabras no son suficientes, que el tiempo pasa muy rápido y las conversaciones se enfrían, que las miradas de brillo que atisban un jugueteo inocente se transforman en una lástima recurrente que mira el reloj. Siempre sucede, que la excitación vacila y la incomodidad anuncia una marcha forzada que aborta una historia por falta de personajes valientes; siempre sucede, que los personajes, en su cobardía, aceptan la derrota predispuesta por la incontenible fuerza de la cotidianidad. Enamorarse, como cuestión implícita, es una muerte constante de ideales, un intento de suicidio recurrente, una habitación vacía. Enamorarse es cubrir con sábanas los objetos ausentes, pintar las paredes de colores vivos sin reparar las tuberías que pudren el interior. Es repetir eternamente el imaginario enferm...

Fragmentado

Estoy fragmentado, totalmente , irremediablemente. Roto de las cosas que nunca pasaron, de los concursos fáciles que nunca gané, de los juegos felices a los que no me invitaron. Estoy roto, roto de amar profundamente la superficie de las mentiras que me contaban, de buscarle un significado a la sonrisa prófuga del desazón que me marcó. Estoy fragmentado en el odio desmed ido hacia las cosas simples de la vida, roto a un nivel interno, desprendido de las ganas de recorrer un mundo que no entiendo, secuestrado en la desconfianza, en el sin sentido que une la vida pobre de todos los que son mejores que yo. Roto, roto de ver cadáveres que no provocan tristeza, roto de sentir que no siento nada, roto de buscar pupilas excitables detrás de los párpados de alguien que ya se fue. Rotos tengo los dientes de los demás cuando se estrellan con mis ojos, desgastados de una felicidad obligatoria que no promete nada y que nada da. Estoy roto de las ganas que tuve de ser mejor persona, r...

Pupilas Amarillas

Hablamos para olvidar palabras, para encubrir verdades y sopesar mentiras. Nos inmiscuimos en asuntos que no entendemos para darle color a un cuadro lleno de tonalidades negras que no se pueden lavar.  Somos la revolución absoluta de nosotros mismos, la infame guerra de nuestros pechos, la hambruna de ideas y la falta de combustible de nuestros sueños. Somos idealistas asesinados por el peso continuo de la realidad urbana, ladrones de esperanzas, asesinos de confianza.  Fuimos aventuras más allá de nuestros ojos, plurales optimistas, divorciados amargados, realistas insípidos incapaces de avanzar. Fuimos lo que no podemos ser y nos pesa el historial de errores que llevan los bolsillos, las decisiones que se tomaron tarde, los riesgos que no quisimos correr. Fuimos el olvido que seremos, la utopía del amor que no alcanzamos, la fatídica muerte accidental de nuestros gritos.  Seremos los escombros que nos queden, las memorias que no fallen y los tragos que ...

Una vulgar analogía a la tristeza.

Y fue el deterioro constante, natural y palpable lo único que alcanzó a ver por entre las rejas de una cárcel invisible. Las mil y una lunas que no alcanzaban para pagar la renta ni para hacer soñar; eran ya las 2 de la madrugada, el alcohol no hacía efecto y las sonrisas, desdibujadas en la vulgaridad próxima de la embriaguez temprana, nos daban como consuelo un silencio repetitivo, cansado.  La derrota era simbólica, estrambótica, sutil. Se trataba de los poemas mal escritos y la incapacidad de salir de una dirección inequívoca, prudente. Se trataba de darle continuidad a la periferia que sin mapas nos atormenta, nos envuelve y nos convierte en centros de memoria, en observatorios que con los ojos expuestos se mantienen felices para no perder la fe.  Habían heridas que se alimentaban de las caídas diarias, de los resbalones intencionales y los golpes amigables que rompen costillas, que estremecen el alma. Habían traiciones servidas, mentiras pendencieras y tej...

Intermitente

Ella es la suma de los errores que bailan al compás de la desdicha, El silencio cómplice del maquillaje que se corre muy despacio y sin querer; La luz intermitente que no alumbra ni se va cuando se acerca, Las ganas que se expanden y sumergen en sus pies. Ella es el verde de unos ojos que no observan fijamente, La lentitud obstinada de la réplica de un temblor en las costillas; La respiración cortada de una nariz respingada que se niega a contestar. Es la piel perfecta de un blanco conforme y un sinfín tonalidades escondidas; La marca descarada del abrigo comestible de sus labios de papel, Es el juego prohibido de extasiarse con su lengua sin tocarle una pestaña, El riesgo de probarla y no poderse separar. Ella es una droga que no venden, un cigarrillo que no prende, Un poema que no existe y tres abrazos que no están. Ella es un camino sin retorno en un bosque sin salida, Un trago de Whiskey que me quema antes de entrar.