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Vida Rota.

Todo terminó temprano, cuando siquiera comenzaba o se dejaba ver, todo se fue por el retrete tan solo dos minutos después de terminar, justo en la mitad de un beso partido y dos pulmones manchados, como un sueño ensimismado que despierta a un soñador, o una serie de eventos que todos quieren olvidar. Ella se fue con su movimiento paulatino y refinado, embriagador y casi certero detrás de las lágrimas que le desbordaban el alma y le ensuciaban los labios, él, solo callado y estático se disfrazó de hombre y se tocó el pecho, sintiendo en el fondo el pedazo de carne muerta que la vida le acababa de arrancar. No se conocían desde hacía mucho tiempo, solo un montón de días divididos en dos y multiplicados por las veces que se sintieron felices el uno detrás del otro, como si la vida tuviese sentido y se dejara engañar por sentimientos baratos. Se atragantaron en cuentos, se escribieron los huesos y se marcaron la lengua, pensando en una eternidad tan corta como un suspiro, tan fala...

La mente en blanco

Hace poco, en una de mis madrugadas, porque sí, son mías, decidí que quería tener la mente en blanco, abandonarme de todo y sentarme a verme morir uno poco antes de prender un cigarrillo, de sentir el humo. Tuve la necesidad de silencio como hace mucho no la tenía; la falta de fuerza para soportar mi propio enojo se juntó con mis ganas de no poseer absolutamente nada, ni siquiera a mí mismo. Quería no tener que soportarme, que verme, que olerme, quería arrancarle un segundo a mi vida y botarlo lejos en forma de protesta contra el condenado tiempo que pasa desprevenido por mis retinas, llenando de polvo todo lo que veo, secando las lágrimas que suelto, borrando las sonrisas, mis alegrías. En esa misma madrugada noté mi incapacidad para detenerme sobre mí mismo, girar sobre mi propio eje y saberme estático y en paz. Sentí la inexorable y castrada memoria que me viola en las noches, la falta de agujeros en la madriguera del conejo para hundirme un poco más, pero sobre todo, ahí senta...

De los Excesos

Hace ya cuatro noches que dejé de contar los días que han pasado desde que usted decidió irse, doce lunas hace que no como más que sardinas y atún, además  unas cuantas horas han pasado sin que prenda un cigarrillo para atenuar las cachetadas de su fantasma matutino. No se decepcione de mí otra vez, juro que mis obsesiones están controladas y he dejado de razonar cada paso que hay detrás de la desilusión de ver sus nalgas detrás de una puerta de cristal, gritando de libertad por dejarme aquí sentado.  Es solo que el desinfectante de la oficina me ha raspado las manos mientras intentaba por enésima vez despojarme del mugre que me dejó su recuerdo y las lágrimas se me cayeron manchando la camisa blanca que odié desde el día que usted, con su sentido del humor, decidió regalarme ropa clara sin tener en cuenta mi compulsividad hacia casi todos los aspectos de la vida. ¿Recuerda cuando me llevó a terapia para que entendiera que la suciedad no está tan mal?, bueno, ahora me sie...

Divulgato.

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El rojo sobrio y el negro oscuro. - ¡Hoy seré distinto, me beberé el agua triste y vomitaré alegrías para tener una resaca feliz! - Creo que deberías tratar tu problema de alcohol. .. - Primero lo segundo señor elefante, no de cualquier tormenta puedo sacar los destrozos de mi vida. – No es una tormenta lo que tienes adentro amigo, son solo los recuerdos de una vida que te niegas a vivir. – ¡Yo no me niego a nada ingrato, solo reinvento mis anécdotas en historias bellas que puedan pasar por mi garganta! – A eso en éste mundo se le llama mentir . – Pero en los otros cinco mundos que nos quedan esta noche se le llama vivir. - ¿Cinco esta noche?, ¿y qué harás después? ¿Hablar con el espejo sobre tus infinitas desventuras? -  Para qué necesito un espejo si tengo ya un sobrio eterno y aburrido al lado mío ¿ah?, déjame un rato más revolcarme entre mis alegrías efímeras, entre la carne podrida de mis festejos y la receta de fármacos que me aprobaron ayer. – Esas pastillas azules...

A veces

A veces las montañas se caen encima de los profetas, Y del cielo no baja más que lluvia en forma de piedras hambrientas. A veces no basta sonreírle al vino ni salir de noche, A veces hasta la soledad se cansa de escupir reproches. A veces hasta el más fuerte precisa una palabra amable Un gesto sonriente y una conversación estable, Un café que le dure una tarde, un beso que pase el segundo Un interés genuino que no sea vagabundo. A veces hasta al tiempo le falta tiempo para decir las cosas Y a las palabras tildes y comas para no sonar quejumbrosas, Para no creerse invisibles en una oscura frontera, Para no escupirse a sí mismas en un mar de brea. A veces purgar la memoria solo trae a la boca gusanos de seda, Tierra húmeda y mejillas cálidas Sábanas tristes y cuerpos desnudos sin ganas de hablar.

Una Mujer Que Escribe.

Hoy buscaré el fondo de una condición que molesta, las ganas robadas de una fiesta sin invitación y los litros de miel de limón que dejé de servirle a mis sueños esperando que viniera alguien a decirme que no. Regalaré letras a quién no las merece y alagaré a una prostituta que me bese sin cobrar, solo si me recuerda por lo menos su olor o su sombra, si me dice debajo de las sábanas sus cosas, y me humedece el alma sin hacerme sudar. Besaré las fotos de gente que no reconozca para buscarle lejos de los lugares que habita, para sacarle de la cueva de mis dendritas y ponerle justo en el punto de mira que lleva mi espejo, y jugar a que nos volvemos viejos y nos volvemos a encontrar. Acariciaré la piel colgante de mi retrete, los vómitos que limpié  las noches bohemias y el polvo de estrellas cercano para exorcizarme de sus hábitos macabros y sus poesías envueltas en carbón. No, a una mujer que escribe no se le puede dejar tan fácil, sería mejor quemarse detrás de la ducha o g...

El último del Año

Hoy les vengo a hablar de las carcajadas de tristeza que me faltaron, de los ojos llorosos y sin lágrimas que vieron detrás de mis párpados y los abrazos sin contacto que le di a cada persona que nunca quise, que amé, que odié y que describí lo mejor que pude en sueños amorfos y palabras complicadas y sin sentido.  Hoy les vengo a hablar de los litros de alcohol que me faltó meterme, del daño que me hizo decir tantas cosas, dejar de decir otras y maquillar con sonrisas el agua salada que viene de unas pupilas que aprendieron a dejar de dilatarse para evitar confundirse con la emoción de la vida. Hoy vengo recordando los momentos de plenitud y sonrisas abiertas, el sol brillante que quema y la luna que agobia entre su paz infinita y la intranquilidad manifiesta de no saber hacia dónde se debe andar con ella. Hoy vengo hablando de los que insulté, de los que alagué en un océano de palabras que no tuvieron puerto y embarque, de los besos sin destinatario y los sueños perdidos...

Adiós Abuelo.

Cuando era pequeño, recuerdo vagamente las salidas al parque con él, las caídas estrepitosas de la bicicleta cuando me soltaba con impulso para que aprendiera a hacerlo solo; recuerdo su Renault blanco perfectamente cuidado y limpio, los boleros que siempre le encantaron junto con “la paloma blanca” que cantaba y me enseñaba mientras yo, pequeño, lo acompañaba a subirle el aire a una llanta o a hacer una de sus mil diligencias. Recuerdo los cuadernos ferrocarril que me compraba para que mi letra no pareciese un jeroglífico indescifrable, las mil tinturas que junto con mi hermana usábamos en un lienzo para pintar a su lado; sus trazos perfectos en las montañas y las frutas que se inventaba durante horas mientras perfeccionaba cada aspecto que no le pareciese bien hecho. Era un perfeccionista, en su peinado, en su ropa, en sus modales, en su forma de hablar, en su manera clásica de conducir, de limpiar, de querer. Era duro cuando tenía que serlo, aunque a mí siempre me trató con tod...

El Barrio Viejo

Me encuentro aquí sentado, en una silla descocida y tambaleante cubierta de óxido y pesos muertos, recubierta de cuero manchado y esponja barata y gris medio mordisqueada.  Al fondo baila una mujer desnuda y con sida, con hijos, con esposos y novios por cada calle de aquí hasta el peaje más cercano; sumados llegan  a casi treinta y de esos treinta la mitad ya besó, ya folló, y ya transmitió el pedacito de muerte que le correspondía a quién no tuvo oportunidad de preguntar por la limpieza de la sangre segundos antes de contagiarse. La otra mitad sin duda alguna lo hará también, si no es que ya lo hizo cortándose un dedo y acercándose a quién sea para quitarle un teléfono o una billetera con tres billetes arrugados y un cigarrillo sin amarrar. Todo sucede aquí. La cerveza no está fría, pero la tibieza le impregna un sabor aceitoso que se queda en los labios y en la lengua vaticinando la prometida venida de sangre o vómito según quiera la noche, ya sea en la acera donde ya a...

Lo que Aguanta un Diciembre sin Sombras.

Esta noche me aguantaría una tía redonda, una escuela sin clavos y una torre sin faros, me llevaría en las manos la lluvia helada y la luna triste, un calentador antiguo y un casete de alpiste, podría  poder cuidar que no se moje su mano ni se enfríen sus piernas, querría quererla una noche sin querer perderlas. Esta noche tomaría pastillas para dormir y me mantendría despierto, y ni el mismo Prozac me pondría contento. Abrazaría la nostalgia de cuidar un fantasma con su rostro, aunque su figura se prendiera en una masturbación sin ganas y una botella sin corcho. Le presentaría a mi amigo invisible mientras le tomo fotos a una camarera hambrienta; abriéndole espacio en las narinas para una noche de polvo, como si fuera yo Peter Pan y usted  una bella princesa, aunque no fuésemos más que un vagabundo méndigo y una invisible tristeza. Me engañaría escribiendo sobre política y lamería tres centímetros arriba de su cremallera abierta, imaginando que estoy húmedo por bañ...