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Acompañantes

Vuelves, una vez más, como una broma sin remedio que se empeña en sonreír. Te acercas, estás sola, casi por completo desnuda y llena de ropa que no te va. Gritas, siempre lo has hecho, con esa voz dulce como el acero y carrasposa como las rocas del acantilado donde me empujaste un día para mostrarme el cielo. Susurras, despacio, agitada, sin hablar. Gritas tanto que solo yo en un eco puedo escuchar tus susurros desesperados, tus sueños inconclusos, tus desilusiones forzadas y tus ganas infinitas de callar. Estás sola, y aun así vienes acompañada de una cohorte de soldados de tela y sal. Algunos van forrados con terciopelo como tus manos, otros pintados de gris como tu luz. Estás sucia, con la piel perfectamente limpia y el cabello brillante, estás sucia, pegajosa, destruida. Estás desesperada, pero solo yo lo sé. Me odias por saber lo que sabes y querer lo que quieres, por ser una sombra molesta, una vista intrépida y un borracho sin fin. Me odias por mis deseos insulsos de am...

Sonrisa en Eco.

Siempre fui un niño extraño, un hombre diferente con ideas discordantes. Más alto, más bajo, más gordo, más flaco. Algún día me medicaron para ver felicidad donde no la había, para rezarle a una cruz sin madera y a un dios sin vergüenza. Tuve pocos amigos, pero cada uno de ellos valió por un millón. Jugué ajedrez mientras alzaban pesas, leí a Voltaire mientras los demás pateaban pelotas de aquí para allá. Fui, soy inmaduro, mal educado y pesimista. Me expreso mal y casi siempre soy seco, quieto, distante. Soy un poeta que no rima y un amante estupefacto, a veces me voy del mundo unos días y otros no salgo de él para ver las nubes. Le grité al mundo mil veces y fui mudo la mitad de mi vida, como una tortuga que quiere ir más lento porque tiene afán. Soy una acuarela que no pinta y un sueño despierto a base de cuentos infantiles. Un nostálgico y un terco, un molesto nerd sin respuestas y un mentiroso que quiere creer que la verdad nunca fue suficiente. Soy lo que quería ser y ...

Para Ella.

Hoy no quiero pensar, no quiero extrañar, no quiero vivir el presente, no quiero soñar el pasado. Hoy no quiero llorar por dentro, no quiero reír por fuera; hoy no quiero nostalgia, hoy no quiero tristeza.  Se va, se fue, se me va, se me fue. Físicamente más lejos nunca va a estar, físicamente ya no podré molestar. Físicamente despertarme ya no puede, físicamente ya no escucho sus gritos, sus palabras, sus lloriqueos de héroe consentida. Pero aún me despertará, seguramente en la noche, seguramente en silencio. Aún me hablará, ya sin palabras más que de vez en mes. Aún sentiré las caricias que no nos dimos, los golpes en juego en un desayuno a distancia. Es distinto, tengo miedo, tengo fuego, tengo llanto que no sale y palabras que no están. Tengo su foto y mil doscientas formas de encontrarla, de hallarla, de acercarla como con una cuerda para esperar que nunca se pueda soltar. Hoy no quiero dejar de escucharla, hoy no quiero rezar, pedir. Hoy no quiero querer nada más...

Pupilas que Engañan

Esta es una confesión a gritos que se rasgan, un secreto transparente y sucio, un sinfín de significados vacíos y significantes completos. Esta es una carta a la nada en forma de sonrisa grande y colores dispersos, un juego sin ganador y sin podio, una oscuridad que sólo se alumbra con letras anónimas.  Estas son nubes que no sostienen y son amorfas, esto es lluvia de tinta inexistente que mancha los ojos y ensucia la mente. Esto es incitar, pedir, gritar. Esto es cinismo y amor al arte, al caos. Somos un placer culposo de coincidencias que volaron, que no son aves en el cielo ni estrellas celestes en un amanecer turbio. Somos lo que no fuimos y lo que nos faltó ser. Lo que somos ahora resume los besos que se dieron los huesos, los golpes, la saliva, las ganas de llorar. Somos felicidad enlatada y en conserva, silencios incómodos y conversaciones intensas. Estas letras son la inseguridad de los sueños interrumpidos, el miedo de las pesadillas a media tarde, el eco de las v...

Recortes.

Un sueño que sin despertar abre los ojos, como un vacío que no existe y se prolonga entre las nubes. Una quemadura antigua, profunda, llena de gérmenes que se contraen con la risa y con el llanto, con la memoria y el olvido. Un montón de ideas que se suicidan una detrás de otra mientras bailan, un río de balas que no se disparan y chocan sin remedio contra los cristales. Un sueño que no se duerme, una sensación que no descansa, una manzana que se pudre en recuerdos infantiles y una sonrisa plácida llena de felicidad finita. Sabemos que es finita, sabemos que se acaba, sabemos que se  va entre los dedos y que no importa qué tan duro se tome, ella terca se esfuma como una falaz sinfonía sin remedio. Sabemos que no dura y ya no importa, sabemos lo que es y con eso basta. Basta con saber que se sintió una vez, el corrientazo en los labios y la quemadura en la piel. Basta con sentir el rugir del pecho que no se calla durante la noche, la voz quebrada que no se evade ni se compo...

Confesiones Tristes

Tengo rabia con el mundo, Con el Dios que me prometieron, Con la vida que encartaron cuando me parieron. Estoy desilusionado de lo humano, De los buenos, de los malos. Estoy castrado de sentido, Estoy cansado del  respiro; De tanta bestia, de tantos cuerpos, de tanta idea sin suspiro. Tengo miedo de la vida, De la mía, de la tuya. Tengo miedo del “nosotros”, De la falta de tristeza, de exceso de alegría sin purgante. Y ahí vamos, jodidos, vencidos, idos. Venidos de almohadas sin sueños, Expertos en amnesia, peritos en verdades; Despiertos en las noches de sol amargo, Ocultos en los días de los besos de mentiras. Con un chiste nos reímos, Con una masacre no lloramos, Con un muerto no sentimos, Con una guerra ya no vamos.

Carta a los Amores Muertos

Me gustaría matarla mientras duerme, clavarle un cuchillo en la garganta y detener sus ronquidos miniatura y sus sueños color pastel. Me gustaría taparle la boca y drenarle la vida mientras cierra los ojos, mientras llora, mientras me limpia las sábanas de tanto amor, de tantas ganas sin respuesta, de tantas respuestas sin disfraz. Sigo pensando en acariciarla hasta dormir y verla durante horas respirar  y sonreír en la almohada, desnuda. Sigo pensando dejarla ahí, prenderle fuego a la habitación y cerrar la puerta con un candado que no pueda romperse, bloquear las ventanas para que no pueda saltar. Quemarla, matarla, destrozar cada rinconcito de su cuerpo donde me sentí tan seguro, donde vi al mundo entre sus senos y entre las aureolas color vainilla que mostraba sin placer. Quiero que grite, que se ahogue en la sangre o en el humo, que la devore el colchón y que lo primero que vea al abrir los ojos sea una carta pegada al techo con mi letra que diga “La amé”. Quiero qu...

Valentía

Un día me levanté queriendo dejar de llorar por tanto quebrado, tanto insulso, tanto ignorante. Me levanté pensando en cómo podía dejar de afectarme ver tanta puta con ropa sucia y olor dulzón, con su sonrisa amarilla  y  esos dientes que se lavan entre la succión rutinaria de las penas propias y los gemidos ajenos; tantos ladronzuelos sin sueños envueltos en sida que le inyectan jeringas a las nalgas de Dios y bebés en minifalda con el culo abierto que ya tienen cédula y muestras de jabón. Un día le quise preguntar a mi abuelo sobre su vida para entender la mía y descubrí en un horno  sus cenizas todavía tibias ya sin modo de encontrar la lengua ni los labios con los que hablaba, y se me deshizo una lágrima con la que en el fondo quería humedecerle una boca que ya no existía… ¡Vida perra cómo eres de mal educada!, justo cuando quiero un consejo te llevas a la única persona que me lo daría sin tener ni íntima idea de lo que dice, justo como debe ser, justo como quiero qu...

Mi yo y su sombra.

Había acabado de colgar el teléfono, de escuchar la voz quebradiza de una mujer gritando con todas sus fuerzas y casi sentía sus lágrimas empapándome a cientos de quilómetros de distancia. Tenía la sensación de estar desprendiéndome de mi propia vida, pero ésta vez no momentáneamente sino de una vez y por todas; sentía el vacío abismal que se genera cuando se está a punto de montar a un avión, a un tren o a un bus que se sabe que no tiene ruta de regreso. Mi respiración se aclaraba y entre más lejos, más podía utilizar mis pulmones, más liviano estaba mi cuerpo, más despejada estaba mi vida. Había vivido mis últimos años en una rutina exitosa que había dado frutos suficientes para vivir soltero el resto de mi vida, había intentado estructurar una familia, un amor, una trascendencia más allá de mis historias pero cada acercamiento me cerraba un poco más la puerta a la compañía. Sólo después de conocer a Bennett pude sentirme equilibrado, era una mujer hermosa, simpática, absolutame...

Dormitar

Había una vez un cuento que carecía de comienzo, una cópula sin placer que se hizo biblia y un hijo bastardo que se quiso ahorcar en el útero para nunca ver la luz del sol. Había una vez un hada sin dientes ni alas que cobraba por horas, un caballero sin espada que apuñalaba sueños rotos en una ciudad perdida, una tortuga que no sabía artes marciales y se resignó a extinguirse a los cien años de haberse muerto su novia en el altar. Había una vez lo que no había antes ni después, un abrazo mal logrado en un reloj sin pilas, un minutero rebelde que contaba las horas, una familia invisible que era feliz. Había una vez un sueño que quiso despertarse y un soñador que no quería dormirse, un genterío sin habla que hacía ruido en los ecos tardíos y un ser humano sin  ganas de matar, que por suerte asesinaron antes de que hiciera carnaval. Había una vez gente que se preguntaba por los celos, por los amoríos, por los sentimientos. Había una vez gente buena justo antes de quebrarse en pe...