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El Abstemio Despecho

Me duelen los ojos, los tengo hinchados, los tengo resecos y rojos. Estoy despeinado, con el cabello revuelto y los labios partidos, encima solo llevo una camisa gris manchada con salsa tártara y cerveza, un pantalón completamente roto que no llevo así porque esté a la moda, sino porque me caí tantas veces que arreglarlo era casi un desatino. Me duele la espalda de estar acostado, me duele la cabeza de no dormir y el alma de pensar en ella. Llevo detrás un barranco de sábanas sucias y un tumulto andrajoso de papeles entachonados con garabatos y poesías. Llevo adelante un montón de sueño que no recogí en las noches y la brisa de cada mañana que no me levanté. No sé por qué, pero hace meses me dejo crecer el pelo y la barba, me dejo hilar los pensamientos por las trenzas de su cabello roto y su vagina sin depilar. Soy abstemio en varios temas, no tomo ni fumo los días que empiezan con Z o que tienen el verde en las nubes o el azul en el sol; no camino en las noches donde hace ...

Un Restaurante

Era un restaurante, uno fino y lleno de brillantes cubiertos y felices platos; un restaurante en el norte, porque solo allá en esa cuarta parte miniatura de la ciudad se ve la belleza, la limpieza y el toque europeo que las abuelas modelos con sus plaquetas de aluminio le dan a los sitios de moda. Por dentro está ambientado con un Chopin rebajado con champaña en su peor sinfonía,  que aunque fabulesca para el que conoce su obra, se torna exquisita para todo el que llega encorbatado o entaconado a ponerse en las rodillas sin saber por qué, un mantel miniatura más limpio que cualquier pétalo o clavel.  Por fuera, está lleno de flores sintéticas, bellas y estáticas para no tener que ser cuidadas por nadie, para mí, que camino de lado y ando torcido solo significa – y esto se me ocurrió al pasar por allí- una increíble y anacrónica forma de demostrar solo una cuestión específica. Las flores sintéticas en la entrada del restaurante bonito no son más que el cuadro burlesco de l...

Mentiroso

La lluvia no caía así estuviese empapada, Y el frío le pasaba lejos del temblor de sus labios de miel. No sentía nada detrás de sus lágrimas crispadas No veía más allá de su nariz de papel. En el día dormía y en la noche cantaba detrás del espejo Sus pies se sentían livianos y flotaban perplejos A duras penas se bañaba y sin embargo era preciosa, Sus manos tocaban la vida y esculpían su cara pecosa. No hablaba mucho de sí aunque hablase todo el tiempo de ella, Se quejaba de todo y poco le importaba nada, Era la mentira su mochila más gastada, la que más quería; La que más odiaba y la que más usaba. Con la mentira le habían amado tres veces seguidas sus cuatro mismos novios Y se había quedado más tiempo en el hotel de alquiler. La mentira le masturbaba los días y las noches, Apretando las piernas y soltando los pies. La niña mentirosa era una mujer muy sincera  Esbelta, enana, gigante, grotesca y hermosa, Con sonrisa podrida y blanca ...

El adiós de un muerto.

Mira de nuevo, nos enfriamos otra vez. Nos acabamos el uno en el otro sin siquiera tocarnos, nos volvimos reprimidos en la exaltación de nuestros errores inútiles. Mira, se nos fueron las ganas de irnos detrás del otro, de largarse cada uno hacia otro lugar, acabamos con los pasos que nos unían, y escribimos más sílabas para el otro sin mirar. Mira, de nuevo queremos ver como se cae el cielo en el fondo del humo gris de un cigarrillo, de nuevo poetizamos lo banal y lo profano, y lo escupimos como si no quisiéramos un cuento que tuviese un final feliz. Mira que nunca nos dijimos adiós y nos saludamos muy poco, mira lo incómodo que fue el antes y el después y lo maravilloso que llegó a ser el instante único en que nos encontramos sin nadie más. Casi nunca nos rozamos y tocarnos no fue la mejor forma de intimar; nos fundimos, sí, pero en palabras obtusas de libros viejos, en chistes sin gracia e historias nostálgicas de cosas que nunca pasaron y ni pasarán. Que extraño, tan lejos ...

¿Había una vez?

Aquí no hubo un había una vez, se lo tumbaron a punta de bala, de salsa y de rock; se lo llevaron entre los callejones oscuros de grafitis manchados y las pancartas mal puestas del apartamento 3 x 2 con charquito incluido. Aquí se pirateó el final de la película y se les pasó por falta de fondos ponerle subtítulos a tanta tragedia diaria y atraco de andén; aquí también, como en tantos sitios nos llenaron de reinados, de bailes, de conciertos, nos dieron fútbol hasta las pelotas y nos culturizaron con los próceres inmortales que no cagaban ni tenían fe. Aquí, a unas cuantas cuadras pusieron esculturas de la diosa del agua, levantaron banderas y esculpieron mujeres desnudas para demostrar cultura junto a un barrio con  el apellido de un presidente muerto, un poquito más allá re-modelaron las casas y des-emparedaron los cuerpos de cada muro antiguo, alejaron los fantasmas con cumbias ajenas y sellaron los tubos de escape y los huecos de las tres cuadras turísticas que le recuerda...

Las sobras.

A este hombre le acabaron las mañanas pausadas Los cafés demorados y las duchas calientes; Se le fue de repente el papeleo del viaje Lo dejó el bus con destino a muy lejos, Y no le importó más que tres tejos, Quedarse muy cerca de la lejanía de ayer. Se le fue el avión, junto con el madrugón aventurado Se le fue como se había ido antes su primo y su hermano Lo dejaron hasta las deudas desnudo en la cama Tocándose las penas, amándose las canas. La  mujer que no había tenido se había muerto de melancolía Y los hijos que no parió  lo dejaron con una pensión de apatía Le quedaban los libros de historias que no recordaba, Las enfermedades grumosas, y las ganas de nada. Se acompañaba entonces de un whiskey en las piedras Pues las rocas le salían muy caras y no tenía ni cómo ni cuando No tenía las botas puestas ni las aves cantando; No le ladraban los perros ni le huían los gatos Se había quedado en el mundo pero el mundo lo había dejado...

Un salto.

Lo primero que notas es un color grisoso en el reflejo del espejo de baño al levantarte, se monta entre tu rostro y la superficie fría que lo refleja, como si fuese mugre incipiente que habla muy despacio. Sin embargo por ser la primera imagen del día no le prestas mayor a tención y te desnudas esperando que el agua, como siempre, calme cualquier demonio que no se quiso acostar a dormir en la madrugada.  Apestas a alcohol. Te metes a la ducha, está fría, aún húmeda por la última persona que la usó, con ese aire a encierro de baldosas con luces amarillas; sientes el agua venir por la tubería mientras giras la llave despacio, teniendo miedo del choque directo te alejas un poco y tocas con las manos los escupitajos primeros del grifo, esperas a que se caliente y te calmas, ya no eres deforme, ya no tienes miedo, ya te lavaste, ya te olvidaste de ti. Llegan las tardes, tan críticas y calmadas, hacen olvidar las mañanas que ahora duran el doble y las noches que ensordecen la luna...

Sordera.

Quiero metamorfosearme, condicionarme, acumularme en un montón de diminutas partes que signifiquen más que un todo, quiero por otro lado ser cada una de las cosas que pienso y hago, sin divisiones, sin comprensiones obtusas, solo ángulos curvos que me ayuden a tomar impulso; Veo muchas montañas lejanas, llenas de piedras filudas y nieve caliente, arboles grises y verdes que bailan con el viento y saludan al cielo pasivo sin esperar nada. Veo el cemento carrasposo y los charcos andrajosos junto a los edificios tumbados sobre la calle con ventanas rotas y sucias, veo gente, mucha gente de un color y otro, de trajes armados a la medida y abrigos de piel marchita revuelta en crema bronceadora y exfoliante que grita desesperante que le dejen disparar. Veo zapatos gastados, piernas cansadas, senos caídos y círculos perfectos en los ojos de la muerte vestida de autos embriagados de alcohol. También puedo ver inseguridades escondidas, fortalezas inútiles y debilidades exactas que nunca qu...

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Imagen
De nuevo esa incapacidad inconstante, absurda, demente; de nuevo me pierdo en la mitad de una selva inventada y me dejó roer los huesos por animales que no existen; siento de mis dedos saliendo gusanos, de mi barba naciendo mil insectos y de mi cerebro saltar renacuajos miniatura con sabor a moho endulzado. En mis pies veo tres serpientes y en mi pelo dos moscas a punto de estallar. Las avispas no dejan de mirarme. Salí a la calle hace poco, esperando con el aire puro de un día de lluvia tranquilizar mis diminutos animales internos, mis mil mareas de muerte y la imaginación desembocada por el silencio de los pensamientos. Sin embargo la gente se movía frenéticamente, hablaban idiomas raros, gesticulaban con los labios partidos y se vomitaban sobre sus lenguas largas y esquivas. Sus ojos  iban de un lado otro sin parar saliéndose de su eje pero permaneciendo inmóviles observándome, a algunas, el pelo les estrangulaba por el cuello mientras que a otras se les metía por la garganta...

La Exclusión y El Progreso: Una Crítica Histórica.

La ciencia, una forma de progreso, desarrollo y exclusión; un histórico tan manchado en cada cultura donde se permea que ha hecho, a lo largo del tiempo los más grandes favores y propiciado las más grandes desgracias a la humanidad. El afán humano por la perfección y el control absoluto de todas las cosas, han logrado un frenetismo audaz y persuasivo en nuestras vidas, nuestro pensamiento y lamentablemente, en nuestras acciones; Este ensayo, va encaminado a dar un punto de vista personal sobre la forma en la cual la medición psicológica ha generado un impacto importante tanto positiva, como negativamente en la historia, basándose en los antecedentes de exclusión sistemática practicados desde sus inicios, que aunque necesarios, fueron muchas veces la base de importantes delitos, intelectuales y terrenales, entre ellos, los causados directa o indirectamente por Francis Galton y la eugenesia, el dañino estereotipo de normalidad  y la obsesión desmedida por limpiar nuestra sangre ...