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Aroma (II)

  Aparece de repente, frecuentemente y sin invitación. Como si fuese una idea cansada de las vueltas propias de la rumiación, se asienta en el rincón más alejado de la cabeza con la intención de pasar desapercibido, pero fracasa miserablemente. En los mismos rincones donde reposan las filosas memorias de los malos tiempos, se desfigura indeciso entre la invasión y la coexistencia. Conoce bien los riesgos de hacerse plenamente presente y le rehuye a la aparatosa cadena de acontecimientos que se desligan de los ataques de pánico que me provoca.  Está en mi cabeza, únicamente, aunque no sé por qué.  Se mantiene sin nombre, sin una hoja de ruta concisa, negándose a tomar forma y dejarse aprisionar. Lo siento en la piel, correteando como una pulsación, engañando a los demás sentidos. A veces denso, personifica una bruma que cubre los ojos desde adentro, como un homúnculo perverso que quiere cegarme. A veces sutil, simula estar fuera, susurrando desde la habitación contigua un ...

Infinito (Me Gusta II)

  Me gusta cuando se atreve, cuando sin previo aviso, me mira a los ojos y baila. Me gusta cuando, bailando, atraviesa el umbral que nos separa del infinito, abalanzándose segura hacia la nada, revolviéndose, chocando con las mesas, con las sillas y con los obstáculos inmateriales de la vida que nos junta y los traumas que nos separan.   Me captura con un estruendo los labios, me dice que lo entiende y chocando violentamente con las resoluciones fallidas, se abraza con valentía a una promesa representada por un juego infantil de miradas.  Parece invencible en su desnudez expuesta y confiada.  Acostada, cierra los ojos con las manos arriba. Aquella que fuese la señal de rendición imperecedera de los imperfectos que habitamos la tierra, es para ella un inequívoco grito de victoria que señala verdades marcadas en su piel.  Me gusta porque la encuentro imposible y me excita el recuerdo táctil que me acosa.  Me atemorizan sus besos húmedos, pero más aún, la perp...

Monólogo o retrospectiva

  A veces golpean de improvisto las metáforas centrales de la vida, bailando con la entropía. Como un suicida que se topa de improvisto con su reflejo en el metal pulido, seduciendo al infinito encuentro una imagen borrosa del camino a casa. A veces advierto un pensamiento encallado por la fuerza del viento y la melancolía, a veces olvido el olor de una montaña que me recuerda la cordillera, y a veces en el espejo, un rostro irreconocible me dice en un acento olvidado que en las orillas del rio a veces huele a café. A veces los instantes no bastan para honrar un recuerdo, pero en un ritual desconocido encuentro razones de sobra, aunque a veces falte el valor. Y en las calles, a veces las luces nocturnas iluminan en el mismo tono amarillo, otrora triste y olvidado, peligroso y esquivo. De repente soy inmaterial y me atraviesa el tiempo. Estoy en la casa eternamente rentada de mis padres, en el sofá de cuero café, deshilando un cojín que ha mordido un perro, mi perro, todos los p...

Ramblas sin oxidar

Demasiado adulto para saltar por los balcones, le robo a mi juventud ideas aplazadas de tormentas que parecían infinitas. Demasiado cansado para huir del tedio, me abrazan ideas recurrentes que no tienen forma, palabras que nacen muertas, e ideas inútiles que se suicidan. Indultado de culpas que creía mías, alargo las frases buscando respuestas, rasgando recuerdos borrosos de talentos perdidos, obligándome a mirar al abismo y a seducir al vacío contraproducente de mi mortalidad. Obsesivo, reconstruyo una a una las figuras desdibujadas de mis cuentos de hadas. Descompuestos por el desuso, intento traer de nuevo al papel a todos los cuerpos invisibles de los que alguna vez me enamoré. Desesperado, disparo al espejo, pero ya no queda nadie aquí. Soy los besos de los personajes transmutados de mis fantasías. Un embustero sin audiencia, enfrentado a una reputación que, como premio de consolación, me regaló la valentía. Soy todo lo que escribí en los insoportables dolores de cabeza, aque...

De lo Inútil

Camino en automático, a veces. Como quien conoce su destino sólo porque sabe las coordenadas, aún sin imaginar el paisaje que le espera. Hago malabarismos en una linea gris que a veces se torna roja y a veces invisible. Esperando caer por un lado u el otro, sin distinción, porque el esfuerzo de mantener el equilibrio me quitó la posibilidad de mirar el fondo. ¿Es un fondo rocoso, húmedo, rígido? ¿Es acaso césped verde y blando, con brisas cálidas? No lo sé.  A veces me siento ciego, viéndolo todo sin poder detallar nada, pierdo la capacidad de distinguir colores, aún sabiéndolos. Como si su profundidad se difuminara en el vacío de su significado, y me invento estrellas azules, verdes y violetas, para no olvidar. Las formas pierden su sentido interno, su conexión con el mundo que me rodea, y medio asfixiado por la falta de respuestas, distingo a lo lejos, borroso, como cada objeto cae en un hoyo negro, desintegrándose, desapareciendo sin ningún grito de auxilio, sin ningu...

Pequeñas Catástrofes

Incapaz de trascender más allá de las ventanas, mi mayor tesoro es la luz del sol que se raciona en las mañanas, cuando el frio golpea el suelo de los balcones en las casas cerradas del mundo. Todos los muros me parecen delgados y casi quebrados, pero impenetrables; todas las puertas se maquillan abiertas y sin cerraduras, aun así, herméticas por obviedad. Estoy frenado en el tiempo, detenido entre la velocidad automática de la vida y las inquietudes que subyacen a las cosas excepcionales que no me pertenecen. Todo parece estar afuera, casi inquebrantable, pero encuentro que el mundo es tan pequeño como mi cama, cómodo, extenuante, extravagante e infinito sólo para mí.  El dolor en la espalda a veces me llega al alma, y las ansias vacías, a veces compartidas de volver, ya no me pertenecen, como si flotara. Todo parece detenerse, ralentizarse al menos. Y la realidad se agrieta en las pantallas de litio y parece distante, con miedo.  Me vínculo con los sueños nubloso...

La huida

Cansado de lo inevitable, me escondo entre paredes huecas para dejar de respirar por un instante. Intento sin éxito, consumirme los días inacabados que guardo entre las sábanas, y construyo figuras inalcanzables en un lienzo inexperto que me mancha las mejillas, convirtiendo todo en un desorden fatal. En el espacio vacío que he atestado de cosas sin valor, la vida me ofrece una ridícula metáfora del ruido, y en el renacer de las virtudes que intento ignorar, el estruendo de mi caída me ensordece. Soy un derrumbe incansable que guarda en sus cimientos quebradizos, el asombro que enmascara la desesperanza de mirar atrás. Me convierto en un artesano de metales podridos, un constructor de cadenas de paja que me recriminan el olvido y la traición a la memoria que trae el silencio permisivo. Debo alejarme de lo ausente, del despido premonitorio de mi último encuentro con el punto final. Con la esperanza oxigenando el sinsentido, el cascarón roto de los trofeos auto-impuestos me...

Bitácora

Despierto. Averiado en el brío inconcluso por mantener la calma, enciendo y apago la máquina que a marchas forzadas intenta seguirme el paso. Soy un bucle de espera infinita, una montaña que al ver caer diminutas rocas en su falda, resbalándose desde lo alto, advierte el colapso inminente pero inexacto que se avecina. Respiro. Intento llenar de aire limpio mis pulmones en una ciudad sucia, pero en cambio,  encuentro las nubes grisáceas acariciándome el pelo. Intento sentir la ligereza de la sangre corriendo descalza por las venas, pero en cambio, siento sus pesados pasos calzados con botas repartiendo carencias inequívocas y soporíferas. Fumo. Lo borroso se hace natural en las ventanas cerradas, y en la continuidad del sonido monótono de las voces que gritan afuera, confundo el humo que se escapa entre mis dientes con el agua que se estrella con el vidrio y lo atraviesa, inundándome. Haciéndome perder la soltura de los brazos, quedo atrapado en el universo car...

Luces recurrentes para gymnopédies

Ya no existen para mí paredes blancas esperando a llenarse de color, ni encuentro arreglo posible para el abandono. Las puertas semiabiertas, desnudan inquietas una habitación cansada de construcciones sin terminar y al escuchar los golpes secos de las ventanas rotas, avanzo obstinado demoliendo la ausencia premonitoria de sus preguntas. Dejaron de existir las formas de las nubes en mis ojos y ahora están cargadas de lluvia, extinguiéndose bajo la luz de una estrella. Todo se esconde frente a mí y huye la luna tras el alumbrado eléctrico, negándose a extrañar lo invisible, transmutando la noche en palabras que no tienen lugar. No encuentro en este desastre los dibujos inacabados en acuarela, ni la agenda de viajes en desuso y empolvada. Se esfumó también el estruendo de los vidrios, el grito distinguible del rencor, lamentándose como pólvora húmeda que no puede estallar. Caminando lento todo se aleja, desaparecen las preguntas inútiles y las respuestas exactas. Pero el eco redund...

Ella Vuelve a Casa.

Sin detenerse pasan inadvertidas sus maniobras valientes, jugando con el miedo a esquivar las ruinas de una derrota vulgar, da pequeños saltos por las líneas de una esperanza cansada. El último cigarrillo de la noche le sirve de combustible para quemar los sueños irrealizables y marca el camino a seguir entre los cadáveres que tienen su mismo aspecto, que reproducen su mismo rostro, y proclaman victorias que parecían eternas en una promesa que la mortalidad no puede cumplir. Se quita los tacones, más por amor a la melancolía que por respeto a su cuerpo multiplicado en el desastre; siente los escombros y sus pies descalzos se identifican con los fragmentos ahora inservibles que fueron el vértice de su defensa inquebrantable, de sus derrumbes autoproclamados y de los sismos sentimentales que sabotearon su revolución. Lleva las medias rotas, y la piel sensible se enfrenta sin defensas contra el frío que no perdona ni distingue. La noche la abraza, la llena, la arrincona en su prop...