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El risco que queda.

  Vivo en un risco que amenaza constantemente con el derrumbe. Mi casa, en el filo de sus límites, descansa tranquila, pero consciente de su eventual caida. Pequeños sismos me recuerdan en las noches la intermitencia de la vida; y la fugaz luz que envuelve el hogar cálido, parece atraer sombras espesas que pacientemente toman asiento en el sofá. Ellas eperan, sin adelantarse en el tiempo, sin ansiedad alguna. Seguras de sí mismas, anuncian la catástrofe. Pequeños deslizamientos de tierra, algunas rocas distraidas que se resbalan del risco y el polvo que se levanta asustado huyendo de una profecí a autocumplida, me recuerdan que las montañas, donde se situan los riscos más preciosos, también caen. Pero la profecia no es malvada, ni apocalíptica. Solo es una premonición amigable de la naturaleza misma de las cosas. No empaña presentes intensos con futuros cada vez más inciertos, no mancha memorias con posibilidades perdidas, con palabras no dichas. Solo escucha, atenta, aliment...

Tanto Ruido

¿Qué podría encontrar detrás de tanto ruido?, escondido en las comisuras cansadas de la sonrisa social; huyendo de las conversaciones planas que evaden el silencio incómodo. Será el vacío del mundo, excitado con mi presencia, Será el demonio inmundo, enquistado en tus ausencias. Huyendo de los íconos que se transforman en la punzante verdad, Abrazando promesas que se inyectan para evadir la realidad. ¿Quién me sigue hasta los callejones sin salida? Respirando profundo y caminando despacio, Con la seguridad de lo inevitable, con la paciencia invariable de quien ya ganó. Son los enemigos de lo humano, desangrando dioses de papel, Tal vez bufones profanos, burlando la muerte cruel. Son tus zapatos pequeños y sus firmes pasos acosándome, Es tu recuerdo colgándose del miedo al abismo y aplastándome. ¿Qué pasaría si enloquezco ahora? ¿Si el silencio sacude más fuerte que los gritos?, ¿Si los golpes más fuertes provienen de mi vientre y no de tu voz? Colgaría...

Posiblemente

Posiblemente sea sólo el eco de una noche que no llega, Un difuso Armagedón a media vela, una conclusión ciega. Como el amor no correspondido que se guarda con vergüenza en el cajón, O algún recuerdo que se envalentona al escuchar una canción.   Posiblemente sea otra posibilidad perdida, alguna nostálgica retrospectiva, Buscando en la desesperanza la última acción defensiva. Incluso una incomodidad latente, que crece lentamente, O una pesadilla recurrente que flanqueo cada noche en un sueño consciente.   Posiblemente son los años y su desproporcionada tempestad, Puede ser la resaca del despropósito y las vulgares odas a la libertad. O el recuento de los excesos en el pedestal. Y el abismo infinito, que seduce incautos a su desenlace fatal.   Posiblemente es el eterno retorno y su demoledora existencia, Una suerte de daño acostumbrado a los recuerdos de resistencia, Una deriva de obsesión que se enquista en un rencor cobarde. O la autofl...

Tormenta

 La tormenta se acerca. Y yo la espero. Pacientemente. Casi, ansiosamente.   Tiene mis mismas ganas de destrozarlo todo. De arrancar los árboles. De romper los cimientos de las circunstancias.   La espero con cerveza. Atormentado. Atontado.   Con ganas de llorar. Conteniendo las lágrimas que la alimentan. Sosteniendo palabras en el filo de los labios, para susurrarle al oído.   Que todo está bien. Que puede llevarme   Llevarnos.   Que la vida pasa. “Como pasan las cosas que no tienen mucho sentido”. Como pasan los plagios. Como pasan los días.   Repetitivos, constantes. Infinitos y pacientes.   La espero con dos preguntas. Divina tormenta. ¿Qué prosa tiene la inmortalidad? ¿Dónde la guardas con tanto recelo?

Absoluto

El absoluto parece pequeño, al mirarlo con los ojos tristes. Rodeado de migajas eternas de locura, manchado de intenciones sin profundidad. El absoluto se rompe a pedazos, con el retumbar de los pasos agigantados del silencio, Molesto, rehúye de las explicaciones que pueda darle cualquier mortal.   El absoluto incomprendido también está triste. Lo sé, porque al intentar abrazarlo, comprendí su inmensidad. El absoluto es esquivo, pero no puede esconderse de los cortos brazos de la humanidad; Resignado, aguarda. Sabe bien, que el oleaje del tiempo no perdona la fragilidad.   El absoluto es una incomprensión, arrollándome con sevicia;   Bestia herida, cazador cazado, inconmensurable deseo que se filtra en obsesión. El absoluto no sabe morir, pero se rehúsa a otorgarme la vida eterna. Burlón bufón del destino, cansado ya de la traición.   El absoluto soy yo, cuando niego todo lo que soy. Cuando sólo hay ecos en un espacio vacío y sobran pr...

Edificio

Soy el colapso de una estructura hecha con materiales imperfectos, con paredes huecas y soportes defectuosos.  Un edificio roído por el moho, con las puertas rotas o trancadas, pero siempre inútiles.  Soy el abandono gris del hormigón que se romantiza con grafitis, que atrapa fantasmas repletos de nostalgia, que busca en los ecos de la muchedumbre que se ha ido un rostro familiar.  Soy la sed que secuestra mendigos en busca de nuevas tristezas, queriendo ocupar espacios vacíos con tragedias frescas.  Un derrumbe pausado en el tiempo, a la espera del aviso definitivo de desalojo, incapaz de colapsar por sus propios medios y condenado a ocupar un espacio inútil.  Soy mis propias grietas haciendo caminos erráticos en las paredes cansadas, buscando oxígeno entre el yeso que se desprende, como células muertas, de una piel maltrecha.  Y soy el polvo acumulado en las esquinas, los insectos, las arañas, las ratas, los convictos, los drogadictos, los abandonados, lo...

Dejar Ir

Se ha desvanecido de repente, me dice. Se ha desvanecido para siempre. Se desvaneció en la noche mientras dormía, cuando soñaba. Buscando en la luna su reflejo, mientras lloraba. Se ha desvanecido, llevándose consigo los últimos trozos de eternidad. Se fue por tú culpa, me dice. Por tu maldita culpa sin resolver. Se fue porque nos faltó valentía para retenerla, Habilidad, para en frases cortas mantenerla. Energía, para obligarla a creer. Se fue porque no pude contenerla, le respondo. Porque no pude sentirla, ni transformarla, ni describirla, ni liberarla. Ni amarla, ni odiarla, ni crearla. Porque no puedo aprisionarla sin matarla, y ella es una tempestad. Se fue porque estamos muertos en esta catástrofe, me dice. Resbalándonos en el barro, Pudriéndonos sin notarlo. Quedándonos solos en este acto de fe. Y prefiero la amarga sintonía de la noche, le digo. Que tenerla cerca para hacer un derroche, De unas cualidades que no me pertenecen, Que sólo en ella prevalecen, y que conmigo, corren ...

Matar a Tiempo

Quisiera recordarte como un rayo de luz en una sombra constante, quizá en una conversación interrumpida por el sonido distante, de un barco que huye con las esperanzas restantes de esta inacabada ficción.   Cautivarte, quizá rompiendo silencios al advertir el desastre, quizá amando algún defecto escondido en el estante, o evitando materializar un miedo olvidado en un rincón.   Quisiera escucharte, herirme despacio con tu voz cortante, quizá buscarte, como a un silbido que escapa al viento en un instante; Callarme, dejar que tus palabras sean nuestra revolución.   Convencerme de un ideal que derrote mi cobardía, Dejarme llevar por la intención que intuía, O por tu danza ilusoria, que anticipa la acción.   Pero esto es sólo una elaborada retrospectiva, de lo tarde que se ha hecho para una conversación definitiva; De lo egoísta que fui al soltar un monólogo sin salida, para ocultar el desastre que dejó tu explosión.   Me af...

Escarpado

Estoy al borde de un escarpado donde resuena el repetitivo cantar del infierno y yo tarareo al unísono de la voz principal. Allá atrás, hoy todo me parece inconexo y yo me encuentro lejos, muy lejos, a punto de saltar. Me siento envenenado de luces, hastiado de pantallas, aturdido de los ruidos infinitos que acompañan al mundo. Me siento extranjero de todo lo humano y al mismo tiempo demasiado humano. Estoy al borde de un escarpado que se convierte en un marco infinito de interpretaciones erróneas, que parece un gambito apresurado de silencios y un espacio sin contenido ni continente.   En él, encuentro que la tristeza es una metáfora del mundo filtrándose a través de la retina, un recordatorio inmutable de lo inconstante, una sombra del abrazo torpe de la rutina queriendo salvarme. Y me pregunto si el viento también se siente maltrecho de chocar en el vacío, si suplica en las madrugadas por certezas, si quisiera llenar con ruegos este escarpado en un intento absurdo por ...

Motivos.

Me sobran los motivos para mostrarte la salida, Para arrojarte en la espalda una diatriba; Y enviarte de vuelta con una merecida retahíla de fracasos. Para que no vuelvas. Pensar que puedo expulsarte es un imposible, lo sé. Pero sólo con imposibles puedo cerrar esta herida abierta, Evitar que me infecte y me arroje al suelo, Que me aplaste con el peso del mundo bajo la presión de tus pies. Eres una obsesión desmejorada que se materializa sin aviso, Que se aferra a los hilos sueltos de mi memoria magullada. Que no me suelta. Como una catedral, te conviertes en ícono vetusto y exagerado del pasado, Llenándome de solemnidad las noches, Atrapándome en un recuerdo engañoso de mediocridad. Y durante meses puedo creer que eres invisible. O que incluso has muerto al fin. Me sobran los motivos para dejarte enterrada, Para dejarte ir. Pero las obsesiones, como las tristezas, sujetan fuerte mi garganta, Se filtran como alquitrán entre los dedos; Cada tanto,...

Llegar en Ocaso.

Llegar en el ocaso es llegar sin que se haga tarde, pero lejos de llegar temprano. Son las luces tenues que recuerdan una brillantez pasada, es la madera ardiendo que va dejándose ganar del humo y que calienta lo suficiente y nada más. Es llegar al cierre, sin que nada cierre aún. Es ese espacio de tiempo suficiente para entrar fugazmente en la vida de todos y hacer un saludo corto sin profundizar. Es la premonitoria muerte junto a los preparativos de huida. Es el espacio justo entre el anuncio del héroe que claudica y el silencio que precede los aplausos de la despedida. Y llego en el ocaso, cuando el frio no es intenso ni el calor molesto. Cuando todos son ya viejos conocidos y cansados; cuando se vuelven renuentes a conocer más.  Llego entre la espera de los impacientes que expectantes observan la puerta de salida, entre los confiados que se acomodan en sus sillas porque saben que saldrán al final. Llego en la entrada tímida de la muerte, cuando ésta no se asienta aún. Cua...

Ejercicios Evidentes

En una pausada cadena de explosiones, Mi voz se reinventa con la onda explosiva. Siento que se desintegran nuestras intenciones, y se revela despacio todo aquello que no está.   En el entredicho más allá de lo evidente, me susurran las partículas de los pequeños cotidianos. Y escribiendo confesiones estériles, rechazo las redenciones, las pausas y las correcciones.     Aferrado a una historia sin evidencias, el sinsentido recurrente de repente se equivoca. Y busco en un abrazo suplicante y rígido, un subjuntivo que atenúe las diferencias; O un sueño que se parezca a su boca.   Intento alcanzar las estrellas que me miran desde lejos, enganchado bajo la lluvia a los trozos tristes de su reflejo. Mojando el cielo con promesas medio rotas, volando a ras del suelo, escondiéndome del sol.   Sonrío inquieto a las nubes que parecen ser mis sueños, delimitando el espacio indiferente que me aleja. Invisible en el camino que golpea la tormenta, despreocupado del destino qu...

Una lista infinita

 Intentarlo una vez más y caer; limpiar las heridas, hacerse el fuerte, vencer. Aun cuando todo se torne borroso, caminar; aún con el dolor persistente en la planta del pie, no parar.   No detenerse a pensarlo mucho; ni respirar profundo al mirar al vacío. Pasar por alto el abrumador silencio; Apresurarse a huir, no detener la marcha.   Negarse a ceder espacio, mantenerse firme en una línea de defensa inquebrantable; Convencerse de una victoria pírrica en contraposición al desastre. Afirmar en voz alta las intenciones que habitan repetitivas en el esfuerzo, Silenciar las voces intrusivas que ahogan la luz en el luto sobrepuesto.   Crecer sin medida y sin objetivo, crecer en un continuo y colapsar. Volar sin rumbo establecido, atravesar las nubes y chocar. Cavar muy hondo hasta encontrar el centro, Desenterrarlo todo hasta los cimientos.   Secarse las lágrimas antes de que caigan al suelo, que las absorba el cuerpo de n...

Aroma (II)

  Aparece de repente, frecuentemente y sin invitación. Como si fuese una idea cansada de las vueltas propias de la rumiación, se asienta en el rincón más alejado de la cabeza con la intención de pasar desapercibido, pero fracasa miserablemente. En los mismos rincones donde reposan las filosas memorias de los malos tiempos, se desfigura indeciso entre la invasión y la coexistencia. Conoce bien los riesgos de hacerse plenamente presente y le rehuye a la aparatosa cadena de acontecimientos que se desligan de los ataques de pánico que me provoca.  Está en mi cabeza, únicamente, aunque no sé por qué.  Se mantiene sin nombre, sin una hoja de ruta concisa, negándose a tomar forma y dejarse aprisionar. Lo siento en la piel, correteando como una pulsación, engañando a los demás sentidos. A veces denso, personifica una bruma que cubre los ojos desde adentro, como un homúnculo perverso que quiere cegarme. A veces sutil, simula estar fuera, susurrando desde la habitación contigua un ...

Infinito (Me Gusta II)

  Me gusta cuando se atreve, cuando sin previo aviso, me mira a los ojos y baila. Me gusta cuando, bailando, atraviesa el umbral que nos separa del infinito, abalanzándose segura hacia la nada, revolviéndose, chocando con las mesas, con las sillas y con los obstáculos inmateriales de la vida que nos junta y los traumas que nos separan.   Me captura con un estruendo los labios, me dice que lo entiende y chocando violentamente con las resoluciones fallidas, se abraza con valentía a una promesa representada por un juego infantil de miradas.  Parece invencible en su desnudez expuesta y confiada.  Acostada, cierra los ojos con las manos arriba. Aquella que fuese la señal de rendición imperecedera de los imperfectos que habitamos la tierra, es para ella un inequívoco grito de victoria que señala verdades marcadas en su piel.  Me gusta porque la encuentro imposible y me excita el recuerdo táctil que me acosa.  Me atemorizan sus besos húmedos, pero más aún, la perp...

Monólogo o retrospectiva

  A veces golpean de improvisto las metáforas centrales de la vida, bailando con la entropía. Como un suicida que se topa de improvisto con su reflejo en el metal pulido, seduciendo al infinito encuentro una imagen borrosa del camino a casa. A veces advierto un pensamiento encallado por la fuerza del viento y la melancolía, a veces olvido el olor de una montaña que me recuerda la cordillera, y a veces en el espejo, un rostro irreconocible me dice en un acento olvidado que en las orillas del rio a veces huele a café. A veces los instantes no bastan para honrar un recuerdo, pero en un ritual desconocido encuentro razones de sobra, aunque a veces falte el valor. Y en las calles, a veces las luces nocturnas iluminan en el mismo tono amarillo, otrora triste y olvidado, peligroso y esquivo. De repente soy inmaterial y me atraviesa el tiempo. Estoy en la casa eternamente rentada de mis padres, en el sofá de cuero café, deshilando un cojín que ha mordido un perro, mi perro, todos los p...

Ramblas sin oxidar

Demasiado adulto para saltar por los balcones, le robo a mi juventud ideas aplazadas de tormentas que parecían infinitas. Demasiado cansado para huir del tedio, me abrazan ideas recurrentes que no tienen forma, palabras que nacen muertas, e ideas inútiles que se suicidan. Indultado de culpas que creía mías, alargo las frases buscando respuestas, rasgando recuerdos borrosos de talentos perdidos, obligándome a mirar al abismo y a seducir al vacío contraproducente de mi mortalidad. Obsesivo, reconstruyo una a una las figuras desdibujadas de mis cuentos de hadas. Descompuestos por el desuso, intento traer de nuevo al papel a todos los cuerpos invisibles de los que alguna vez me enamoré. Desesperado, disparo al espejo, pero ya no queda nadie aquí. Soy los besos de los personajes transmutados de mis fantasías. Un embustero sin audiencia, enfrentado a una reputación que, como premio de consolación, me regaló la valentía. Soy todo lo que escribí en los insoportables dolores de cabeza, aque...

De lo Inútil

Camino en automático, a veces. Como quien conoce su destino sólo porque sabe las coordenadas, aún sin imaginar el paisaje que le espera. Hago malabarismos en una linea gris que a veces se torna roja y a veces invisible. Esperando caer por un lado u el otro, sin distinción, porque el esfuerzo de mantener el equilibrio me quitó la posibilidad de mirar el fondo. ¿Es un fondo rocoso, húmedo, rígido? ¿Es acaso césped verde y blando, con brisas cálidas? No lo sé.  A veces me siento ciego, viéndolo todo sin poder detallar nada, pierdo la capacidad de distinguir colores, aún sabiéndolos. Como si su profundidad se difuminara en el vacío de su significado, y me invento estrellas azules, verdes y violetas, para no olvidar. Las formas pierden su sentido interno, su conexión con el mundo que me rodea, y medio asfixiado por la falta de respuestas, distingo a lo lejos, borroso, como cada objeto cae en un hoyo negro, desintegrándose, desapareciendo sin ningún grito de auxilio, sin ningu...

Pequeñas Catástrofes

Incapaz de trascender más allá de las ventanas, mi mayor tesoro es la luz del sol que se raciona en las mañanas, cuando el frio golpea el suelo de los balcones en las casas cerradas del mundo. Todos los muros me parecen delgados y casi quebrados, pero impenetrables; todas las puertas se maquillan abiertas y sin cerraduras, aun así, herméticas por obviedad. Estoy frenado en el tiempo, detenido entre la velocidad automática de la vida y las inquietudes que subyacen a las cosas excepcionales que no me pertenecen. Todo parece estar afuera, casi inquebrantable, pero encuentro que el mundo es tan pequeño como mi cama, cómodo, extenuante, extravagante e infinito sólo para mí.  El dolor en la espalda a veces me llega al alma, y las ansias vacías, a veces compartidas de volver, ya no me pertenecen, como si flotara. Todo parece detenerse, ralentizarse al menos. Y la realidad se agrieta en las pantallas de litio y parece distante, con miedo.  Me vínculo con los sueños nubloso...